Nocturna por Mataró - Rutas del BBT

Andreu, Siscu, Héctor, Luís, Sergio, Jordi y Vincent; estos son los nombres de los 7 valientes que, durante la noche del 1 al 2 de diciembre (una de las más frías del año según dicen), decidieron que era el momento ideal para hacer una salida nocturna en bicicleta por los alrededores de Mataró. ¿Quieres saber cómo fue?, no te pierdas esta pequeña crónica.

Eran las 17:30 y Siscu aparecía puntual en el punto de recogida previo, en Argentona, donde Vincent estaba terminando de preparar su montura y equipándose para las posteriores horas de noche y frio que nos esperaban por delante; en aquellos momento el termómetro ya marcaba 7ºC y el sol no había hecho más que ponerse. Ambos iniciaban la marcha rumbo a Mataró, hacia el punto de encuentro con el resto del grupo en la Plaza Granollers, donde ya les esperaban todos salvo una baja de última hora. Así pues, 7 eran los bikers que iban a surcar entre montañas en la que, posiblemente, haya sido la última nocturna del 2012 por tierras "mataroninas".

Montajes y revisiones de última hora son lo habitual en el punto de salida cuando toda una noche por el monte aguarda a los más intrépidos. Quedarse sin luces puede hacer que uno lo pase muy mal por según qué caminos así que, momentos antes de iniciar la marcha, todos verificaban su equipo; incluso Héctor hacía una escapada a los comercios de la zona para comprar pilas para el GPS y poder grabar toda la ruta sin problemas. El otro gran tema, una vez dejadas atrás las agradables nocturnas veraniegas, era sobre la cantidad de ropa de abrigo que cada uno llevaba para hacer frente al progresivo descenso de las temperaturas que iríamos notando, no solo a medida que avanzase la noche, sino también al ir ganando metros de desnivel subiendo por la montaña.

Todo el grupo ya estaba listo e iniciaba la marcha para dejar atrás la urbe entre la mirada de algunos viandantes que vete a saber qué estarían pensando al vernos. En unos 20 minutos y tras dejar atrás el Hospital de Mataró, ya estaban nuestras cubiertas tocando la tierra de las primeras rampas que nos adentraban en el parque forestal. Teníamos por delante unos cuantos kilómetros subiendo y prácticamente todo el grupo subía de forma alegre salvo Vincent, que se lo tomaba con mucha más calma, ya que lo de subir no es uno de sus puntos fuertes. Todos los bikers del grupo iban realizando paradas para ir reagrupándonos y así esperarnos todos, en especial Andreu y Siscu, que nuevamente ejercieron como los perfectos anfitriones de ruta que son, acompañando en casi todo momento al más lento del grupo durante los ascensos.


Una de las primeras paradas fue en la Font de la Moreneta, al abandonar la pista principal para adentrarse en un pequeño sendero estrecho; antes de ello, una pequeña degustación de barritas de cereales de todo tipo, recuperar fuerzas y aliento (algunos, otros estaban tan frescos) y otros menesteres de tipo fisiológico.

Sergio y Luís, que están esperando vía online sendos focos de gran potencia, afrontaban los caminos con dificultad extra ya que iban aprovechando las luces de los demás puesto que las que llevaban no siempre daban toda la luz que se necesita, cosa que en más de una ocasión causó pequeños sustos, como una caída sin consecuencias que tuvo Sergio al patinarle la rueda trasera en un pequeño surco.

Cerca de la cadena de Santa Mónica cogíamos uno de los senderos de bajada más divertidos de la noche: el abismo de Helm; curvas y más curvas se entrelazaban a la vez que había que ir pendiente de suelo y arboles, para no comerse ninguna rama.

Tras varios tramos subiendo y bajando en los que se iba pasando de pista a sendero estrecho, con un paso muy divertido entre raíces incluido, dejábamos atrás la Font del Mal Pas y la Creu de Rupit. El hambre empezaba a notarse y el termómetro ya estaba plantado en los 0ºC; llevábamos alrededor de 25 kilómetros y las ganas de llegar a la masía y disfrutar de una buena (y merecida) cena crecían exponencialmente pero entonces, tras salir del sendero de "los misteris"...

"¡Pinchazo!" gritó Siscu. Rápidamente surgieron opciones de todo tipo: parches, parches sin pegamento, liquido sellador, llevar la bici al hombro y seguir corriendo... Al final se optaba por el líquido sellador que Jordi llevaba, para salir del paso y llegar lo antes posible a la masía y ya allí acabar de revisar si la reparación era suficiente o se cambiaba la cámara para evitar posibles pérdidas de presión en el resto de la ruta. De nuevo el grupo reiniciaba la marcha, ya solo quedaban escasos kilómetros por pista para llegar a la primera meta de la noche y la más deseada: la Masía Can Guinard. Allí, tras dejar las bicis a buen recaudo dentro de un parking cerrado que muy amablemente nos ceden los dueños del lugar, entrabamos al restaurante, dónde la diferencia de más de 20ºC con el exterior y los deliciosos aromas a toda clase de manjares, hacían que se nos pasaran todos los males y cansancios de golpe.

Bebidas para todos, tostadas, allioli, habas a la catalana y 2 fuets enteros reglamentarios constituían el aperitivo que devorábamos como si no hubiéramos comido en días, tras eso, los segundos...




No hace falta decir que nadie se quedó con hambre tras semejante banquete, ni tan siquiera Sergio, que sufrió un inexplicable fenómeno paranormal y en su plato la comida crecía y se multiplicaba por momentos. Sin embargo, entre risas, anécdotas y preparando posibles nuevas rutas aun nos quedaba por ver lo más sorprendente de la noche con diferencia. Todo sucedió en segundos, cuando de golpe Jordi nos dijo que iba a sacar algo de su mochila.

¡En efecto!, eso que sujeta Jordi en la mano con forma de secador no es otra cosa que ¡un secador!. En un alarde de previsión extrema sin precedentes en la historia biker, el hecho de haber llevado metido en la mochila durante decenas de kilómetros un secador de pelo nos dejaba a todos sin palabras. Hay que decir que, si bien al principio todo fueron risas, pronto empezamos a darnos cuenta de lo útil que iba a ser para poder ponernos los guantes, cascos y chaquetas completamente secos; así que finalmente el grupo acabó rendido ante tal genialidad. Para próximas salidas ya estamos estudiando formas de poder llevarnos a las rutas un par de calefactores, nevera con bebidas y la tele por cable.

Tras armarnos de valor y abandonar el restaurante, nuevamente ritual de preparación para dejar la masía e iniciar la vuelta a la civilización. Por suerte prácticamente todo era bajada, por lo que el esfuerzo iba a ser mínimo; sin embargo los -4ºC ya estaban aquí y eso, sumado a las velocidades alcanzadas bajando, nos hacían acabar de sacar de las mochilas toda prenda de abrigo disponible.

Siscu por su parte, finalmente optaba por hacer un cambio de cámara para así asegurarse de que no tendría problemas durante la bajada y, aprovechando el cobijo y luz que teníamos en el parking cerrado que nos habían cedido, se puso manos a la obra. Recalcar que la idea del secador fue un éxito y hubo cola para poder usarlo.

Bajadas y más bajadas se sucedían una tras otra, habíamos abandonado el restaurante pasadas la 1:00 de la madrugada y una calma y oscuridad absoluta reinaban en la noche de la urbanización La Esmeralda, la cual dejábamos atrás para adentrarnos en el monte nuevamente rumbo a Dosrius. Algunos de los charcos del camino estaban empezando a helarse, la tierra se notaba más compacta debido al frio, incluso las hierbas y plantas tenia un aspecto blanquecino al estar recubiertas de helada escarcha que las hacía crujir cuando las ruedas de la bicicleta pasaban por encima.

Un descenso sin incidentes, a excepción de la rotura de un radio de la rueda trasera de Vincent, nos devolvía en poco más de una hora a la riera de Argentona; dónde, ya en llano, realizábamos unos cuantos kilómetros a buen ritmo, tal vez motivados por la proximidad del momento en el que meternos en la cama y poder descansar tras la  aventura. A escasos metros de Argentona el grupo se dividía para ya ir cada cual a su coche o casa. Tras la continuada bajada y veloz llaneo, en los pasamontañas de la mayoría el vaho de la respiración se había ido congelando y se veían pequeños cristales de hielo pegados a la tela; sin duda una salida no apta para frioleros.


Una nueva nocturna concluida con total éxito en la que hemos disfrutado como enanos. ¡Os esperamos a todos en la próxima que se organice! Sí sí, ¡a ti también!


3 comentarios :

Gonzalo dijo...

Menuda envidia!! Ahora toca entrenar en secreto, hacer una carta a los reyes magos (y a Chainreaction, RCZ etc...) y empezar a mentalizarme para la próxima nocturna!! Un abrazo!!

BCN Biker Team dijo...

Además se comento con los amigos de Mataró que la próxima nocturna sería por Collserola, así que... ¡contamos contigo Gonzalo!

Gonzalo dijo...

Si!! Pero nada de la trialera de castigo por la que me metieron ayer... ¬¬

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