De Aiguafreda hacia el Pla de la Calma - Rutas del BBT

A poco más de media hora en coche desde el núcleo urbano de Barcelona y alrededores, permanecía desconocida para todos nosotros una ruta que, sin duda, recordaremos por mucho tiempo. Zigzagueantes subidas, reses sueltas a mitad de camino, paisajes para perder la vista, un castillo en ruinas, paredes de roca por dónde escalar y una larga bajada técnica es, en resumen, lo que dió de sí la jornada.

Noche previa a la salida, el parte meteorológico anuncia 3 horas de ligeros chubascos justo antes de la hora de inicio de la ruta así como un considerable descanso de las temperaturas. Todos metemos en las mochilas material de abrigo e impermeable deseando que el tiempo no cambie tan radicalmente como anuncian y que podamos tener una buena ruta.

Vamos llegando al punto de partida, casi al final de una calle que se coge justo al salir de la C-17 viniendo desde Barcelona y sin llegar a entrar a Aiguafreda, dónde hasta 10 bikers nos hemos juntado esta vez para un recorrido que ninguno había realizado previamente. El pronóstico se ha cumplido y el terreno está algo mojado, aunque el cielo da la sensación de que ya no va a descargar más agua.


Era la primera vez que Joan (amigo del también presente Enrique) y Manel se unían al grupo, además volvíamos a contar con la presencia de Víctor (recien llegado escasos días atrás de su estancia por Noruega). Los más veteranos del Mataró Domingueros Team: Andreu, Siscu, Jordi (quién realizaba su segunda salida con su nueva Mondraker doble) y Sergio, también se habían apuntado a la fiesta así como Héctor, que ya es un habitual de las salidas del BBT. Completaba el grupo Vincent, quién suscribe, algo inquieto desde días atrás esperando que el trazado y zona elegida fueran del agrado de todos.

Pocos minutos pasaban de las 9:00 cuando el grupo se ponía en marcha, cruzábamos la Riera Picamena que transcurre pegada a Aiguafreda y enseguida perdíamos de vista el poblado. Ritmo tranquilo y una casi inexistente pendiente positiva durante los primeros 9 km servían de excelente calentamiento frente a los 4ºC que había a la sombra en esos momentos, aunque tambien éramos conscientes de que los alrededor de 1.200 de desnivel positivo que tenía la ruta en poco más de 30 km. se tendrían que subir antes o después.

La primera "anécdota" del día surgía cuando nos encontramos que el camino que nos debía llevar dirección a Collformic se convertía en zona ramadera acotada con acceso permitido a viandantes pero no a bicicletas, "Perill Braus" (Peligro Toros) anunciaba la señal. Debemos decir que prescindimos de las indicaciones (niños no hagáis esto en casa) y que decidimos continuar tal por dónde marcaba el track, una pista forestal ancha por la que consideramos no hacer daño alguno al entorno a pesar de ir en bicicleta y no andando.

Tras cruzar ese punto los siguientes km. fueron transcurriendo adentrándonos cada vez más en la montaña aunque lo que la mayoría tenía en la cabeza era el pensar dónde estaban esos bravos mamíferos y si tendríamos que echar todos a correr en estampida perseguidos por alguno de ellos.

La pendiente ya no era la del inicio de la ruta, empezábamos a ganar metros con más ritmo cuando tuvimos que hacer la primera parada técnica en la zona de la Serra d'Ussa; problemas en la pinza de freno trasera de Enrique ponían manos a la obra a Héctor, quién siempre está dispuesto a echar una mano en estos temas.

Una combinación de pistones algo sucios y clavados junto con pastillas casi gastadas, hicieron que las reparaciones se alargasen alrededor de 10-15 minutos, tiempo en el que se aprovechó para tomar varias fotos y comer un primer tentenpié para coger fuerza de cara al resto de la subida. Parados a la sombra, íbamos moviéndonos de un lado para otro ya que la temperatura seguía siendo baja y el viento, que hacía también acto de presencia, no ayudaba en absoluto

Solventado el problema y tras un par de curvas en apenas 200 metros por fin descubríamos dónde estaban todas esas reses de las que los carteles nos advertían, ¡justamente en medio del camino por el que debíamos continuar!. No parecieron inmutarse los animales con nuestra presencia aunque más de uno se nos quedó mirando fijamente. Cuanto antes les dejásemos tranquilos mejor para ambos grupos así que, bajados de las bicicletas, empezamos a avanzar en fila índia pegados al borde del camino mientras ibamos esquivando auténticas montañas de heces; unos 50 metros en los que fue inevitable que a todos se nos llenasen las cubiertas de rico abono recién salido de "fabrica". Antes de continuar la marcha dedicamos varios minutos a intentar dejar lo más limpias las cubiertas usando palos para despegar los presentes que se habían adherido. A todos nos hace gracia que salte un poco de barro a la cara cuando se rueda rápido pero cuando se trata de auténtica "caca de vaca", la cosa ya no es tan graciosa.

La subida continuaba y las vistas obligaban a realizar pequeñas pausas para realizar algunas fotos espectaculares ya que la climatología se estaba comportando y se tenía excelente visibilidad.


Si bien no subiriamos hasta arriba del Turó de Collformic, llegar hasta el camino que lo bordea nos iba a suponer haber realizado alrededor del 80% de la subida de la ruta por lo que era uno de los puntos a tener en cuenta del recorido; sin embargo, para llegar allí, los 2 últimos kilómetros eran de los más duros en cuanto a inclinacíon se refiere de todo el recorrido. Antes de afrontarlos realizamos una pequeña pausa para hacer la foto oficial de la salida junto con algunas del entorno y los espectadores que teníamos.


Pasábamos de largo Collformic con una bajada de poco más de 1km que nos dejaba en la carretera BV-5301 la cual solo pisabamos unos 20 metros ya que de nuevo nos adentrábamos en la montaña, próxima parada el Pla de la Calma.

A una altura entre los 1.000 y los 1.200 metros, el Pla de la Calma debemos decir que hace honor al nombre, aun estando en fin de semana y encontrarnos con algún que otro vehiculo y personas recorriendo la zona, el sitio transmite una paz absoluta y obsequia con unas vistas espectaculares.


Paramos a comer y reposar, algunos se cambiaron la sudada camiseta después del continuado ascenso e incluso Víctor se tumbaba y descansaba un poco, estos meses por Noruega poca bicicleta ha tocado y estas primeras salidas desde que ha vuelto va cogiendo el ritmo nuevamente poco a poco.

Aprovechamos el parón para hablar de futuras rutas, como la nocturna por Collserola a la que se apuntarán gran parte de los compañeros de Mataró, cuando nos sorprendieron 4 copos de nieve contados que cayeron, traídos por el notable viento que soplaba desde vete a saber de dónde.

Reanudábamos la marcha, faltaba aun por recorrer parte del Pla de la Calma y poner rumbo al Tagamanent, el cual teníamos intención de subir, pero nuevamente un problema técnico detenía al grupo. Un pinchazo en la rueda trasera de Siscu, al igual que le sucedió en la última nocturna que realizamos con ellos, nos permitía parar 5 minutos y seguir contemplando unos grandes paisajes.

Teníamos el Tagamanent a la vista y empezaba un pequeño descenso de aproximación para poder subir hasta la cima del mismo, algunos se colocaban las protecciones, otros bajaban de altura el sillín y fue entonces cuando llegó el primer susto de la ruta, en un trozo que no parecía tener dificultad alguna más alla de un poco de desnivel. Vincent perdía agarre en la rueda delantera y salía volando unos metros hacia delante pudiendo amortiguar la caída con las manos a la vez que la bicicleta le golpeaba en la pierna izquierda. Pasado el susto y viendo que lo de la pierna era un simple golpe que había quedado totalmente amortiguado por las protecciones, lo peor se lo habían llevado las propias manos, cuyas palmas habian quedado doloridas del impacto, aun así, el espectáculo debía continuar y como en principio servidor se veía dispuesto a poder seguir, continuamos las indicaciones del track hacia el Tagamanent.

Un ascenso técnico, que nos hacía poner el pie más de una vez pero que invitaba a probarlo nuevamente en futuras ocasiones ya que la colocación de unas rampas de madera permite subir sin desmontar a los más técnicos y hábiles, nos dejaba arriba de todo, junto al castillo en fase de rehabilitación del Tagamanent. El espectáculo estaba a punto de comenzar...

A partir de este punto empezaban unos 10 km. de descenso continuado hasta los coches, y lo mejor de todo, la mayoria a través del GR-5, un sendero técnico muy conocido entre los bikers amantes de las trialeras y los caminos rotos. Pero antes debíamos solucionar un asunto, queríamos bajar del Tagamanent sin pasar por el camino de subida, ¿solución?, es evidente, estábamos en una ruta del BCN Biker Team y no podía faltar nuestro momento de incertidumbre máxima monte a través.

Así pues, dónde otros solo habrían visto una pared de roca viva por la que únicamente las cabras bajarían, nosotros vimos una cadena humana de bikers repartidos entre las rocas para salvar así alrededor de unos 20 metros de altura en poco mas de 4 metros de avance de ruta, sin duda todo un despliegue humano y ejemplo de colaboración entre todo el grupo.



Lo habíamos conseguido, la pared quedaba atrás y ahora solo teníamos delante matojos y más matojos. Tras escurrirnos entre ellos y realizar a pie un pequeño tramo, encontrábamos rastros de lo que parecía un pequeño camino, algunos aun a pie, otros montados, intentaban acabar de superar ese tramo encima de la bicicleta, servidor se iba nuevamente al suelo y caía sobre sus maltrechas manos otra vez.

Tras ese tramo de freeride puro, llegabamos a la joya de la corona: los kilómetros finales a través del GR-5 y la verdad es que el número de fotos que tenemos de esa zona es inversamente proporcional a lo que la mayoría disfrutamos en esos tramos de roca, raíces y escalones. Algunos pasos de considerable nivel técnico que algunos superaban, otros lo intentaban y los más prudentes cruzaban a pie, cuando uno no ve las cosas claras lo mejor es dejarlo para la siguiente vez.

Víctor daba un recital como nos tiene acostumbrados y es que en otra vida debió crecer entre trialeras, Héctor disfrutaba también a la cabeza y guiando al grupo con su GPS a pesar de una aparatosa caída a 10 minutos de llegar a los coches al quedarse la bici clavaba en una raíz que sobresalía en el estrecho surco por el que debíamos pasar, una de sus muñecas había quedado algo magullada y dolorida aunque ya se recupera sin mayores consecuencias.

Jordi con su doble nueva redescubría lo que es bajar en bici por sitios rotos mientras el resto de los Domingueros Team iban progresando por un tipo de terreno que no es el habitual en sus rutas pero al que no hacen ningún asco cuando hay que hacerle frente como ya han demostrado en otras salidas. Aun así toda prudencia es poca y Andreu no se libraba de un pequeño golpe en el costado al caerse de lado, sin mayores consecuencias conocidas hasta el momento.

Enrique y Joan avanzaban por los diferentes pasos técnicos descubriendo alguna que otra trazada interesante y Manel se lo tomaba con calma al no ser muy habitual en este tipo de terrenos aunque se animaba a intentarlo y coger así algo de técnica. Vincent iba pasando de la cabeza a la cola del grupo en varias ocasiones controlando que todo el mundo fuera avanzando y no se quedara nadie rezagado, además, trás las dos caídas, tampoco podía realizar tramos muy largos y sus manos le agradecía algun que otro descanso.

Un tramo memorable que algunos tan solo acabar ya teníamos claro que ha de volver a repetirse, aunque esperemos que esta vez sin ninguna caída ni percance. Teníamos ya delante los coches, la fiesta se había acabado, nos había hecho un buen día, la ruta había sido entretenida de principio a fin, la compañia excelente y tan solo habríamos deseado borrar las caídas de algunos de nosotros.

Héctor y Vincent se marchaban para casa algo preocupados por los golpes recibidos en sus manos y muñecas ya que al ir enfriándose el cuerpo, el dolor iba en aumento. Finalmente servidor acababa yendo a urgencías la misma noche del sábado (gracias Emili y Cris) pues la muñeca izquierda dolía cada vez más, nada roto por suerte, una semana inmovilizada y dentro de nada dando guerra de nuevo. Héctor por su parte, va recuperándose y el dolor de su muñeca ha remitido considerablemente.


Pla de la Calma, Tagamanent, GR-5... ¡Hasta la Próxima!



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