Noche, nieve y frío por Collserola - Rutas del BBT

Cuándo uno planifica una salida nocturna con más de un mes de antelación, lo último que se le pasa por la cabeza es que, siendo uno de los inviernos con temperaturas más moderadas que recuerda, acabe poniéndose a nevar a 12 horas del inicio de la ruta, dejando un blanco manto de nieve y hielo por casi la totalidad del trazado planeado. ¿Quieres saber quiénes fueron los intrépidos que estuvieron recorriendo la noche con temperaturas de 0ºC?. Ya está aquí una nueva crónica de las Rutas del BBT.

Andreu, Siscu, Jordi y Sergio en representación de los Mataró Domingueros Biker Team, Marc T. y Marc S. quiénes se apuntaban desde Molins de Rey y era su primera salida (y esperamos que no la última) con nosotros, y por parte del BCN Biker Team: Víctor, Héctor y Vincent, quién suscribe. Baja de última hora de Sara, que a pesar de poseer un Doctorado en MTB tras coronar el Turó de l'Home en la que fue una de las mejores salidas del 2012, finalmente decidía no apuntarse a la fiesta biker.

Eran las 18:00 y el Pla del Maduixers, punto de encuentro e inicio de la ruta, parecía las mismísimas Ramblas por el constante trasiego de coches y gente que quería ver de cerca esa nieve caída en Collserola, la formación montañosa pegada a Barcelona y perfecto pulmón y lugar de escape para infinidad de deportistas y paseantes. Los colegas de Mataró ya tenían las bicis descargadas y se habían encontrado con los dos Marcs, que venían desde Molins haciendo ruta; aparecía entonces Vincent y al poco rato Víctor. Ya estábamos todos, pues con Héctor nos encontraríamos un poco más adelante.

Iniciábamos la marcha y el frio y alguna racha de aire no ayudaban a entrar en calor. Unos pocos metros llanos apenas servían ni para acomodarse en la bici pero enseguida la ruta nos hacía empezar a subir rumbo Can Borni para acabar llegando a la crta. de la Arrabassada. Antes de eso, problemas de presión en la cubierta trasera de Sergio suponían la primera parada técnica de la ruta; un supuesto pinchazo que finalmente prefería no reparar sino añadir más aire e ir comprobando que no perdiese demasiado durante el resto del trayecto.

A pesar del frío había ganas de MTB, las nocturnas siempre acaban siendo muy divertidas y era la primera que realizábamos juntos tras una nevada; algo que no sabemos cuándo se volverá a repetir. Este brusco cambio meteorológico era parte de los temas de conversación mientras ascendíamos a la vez que ambos Marcs nos contaban más sobre ellos y sus zonas habituales de rutas. Nos acercábamos a las 19:00 y los últimos rayos de sol despedían el día y daban el auténtico pistoletazo de salida a la nocturna.
























Dejábamos atrás Can Borni y llegábamos a la carretera, punto dónde debía incorporarse al grupo Héctor después de que hiciéramos un primer tramo sin él pero entre un pequeño retraso en el inicio de la ruta y la primera parada que realizamos, tras esperar unos minutos Héctor llegaba a toda máquina pudiendo así realizar con el resto todo el trazado que teníamos planeado.

Ya era completamente de noche, miles de lúmens brillando a su máxima potencia y directos a Vista Rica, dónde empezaría uno de los tramos divertidos de la noche.  De camino hacía allí a través de un pequeño sendero de aproximación pudimos comprobar cuál iba a ser uno de los problemas de la noche. Al frío, nieve, hielo y rocas y raíces resbalando como nunca, se añadía el hecho de que la vegetación de la zona no está acostumbrada a las nevadas y el peso de la caída horas atrás había tapado el paso en muchos puntos, lo que nos obligaba a bajar de la bici y pasar de cuclillas en unas cuantas ocasiones.

Sin embargo estaba claro que unas cuantas ramas no nos iban a amedrentar, el grupo se lo tomaba con humor y filosofía y continuábamos bajando por un sendero de lo más entretenido a pesar de algunas ramas: nieve y barro, piedras, alguna raíz... hasta llegar a la Font Groga, a la cual se accedía tras unos escalones de madera y una pequeña pasarela que algunos se aventuraron a cruzar montados y otros a pie ya que en esas condiciones absolutamente cualquier superficie resbalaba lo inimaginable y el susto podía venir de cualquier sitio. Dejábamos atrás la fuente y en la 2º parte de este tramo de bajada el grupo disfrutó enormemente. Ya no había vegetación cerrada dificultando el paso de nuestras cabezas por lo que uno se podía concentrar totalmente en la bici y el suelo. Totalmente adentrados en la montaña, nieve y oscuridad era todo lo que nos rodeaba.
























El descenso llegó a su fin y tocaba de nuevo subir hasta Vista Rica por un sendero algo roto pero con un desnivel muy moderado en casi su totalidad que permitía seguir disfrutando del paisaje e ir acostumbrándose a algunas pérdidas de tracción en la rueda trasera según qué fuerza hiciésemos en los pedales. A pesar de llevar poco más de 1 hora de ruta, ya estábamos sacándole partido a toda la ropa y protecciones contra frio y nieve que nos habíamos puesto a la vez que las bicicletas iban a acumulando más y más barro y hielo. Durante el ascenso el grupo se estiró un poco, cada cual subiendo a su ritmo, poco antes de estar de nuevo en Vista Rica nos reagrupamos y continuamos el ascenso. Nuestro siguiente objetivo era subir hasta el Tibidabo por la carretera. Un tramo por fortuna sin apenas tránsito debido ya a la hora  y la nieve de la zona en el que algunas clapas de hielo que se empezaban a formar continuaban haciendo perder a más de uno tracción por momentos. Ya en la parte de atrás del Tibidabo, cogíamos una pequeña trialera que acabábamos realizando a pie pues con la nieve y humedad estaba totalmente impracticable y todos queríamos llegar de una pieza al restaurante a cenar.

Tocaba un nuevo descenso, está vez por caminos más anchos y rápidos en los que nuevamente no había que preocuparse por las ramas altas permitiendo bajar a buen ritmo y que, en medio de la noche, se escuchasen algunos gritos de auténtico éxtasis biker. Llegábamos al Revolt de les Monges y continuábamos la marcha por el interior de la riera paralela a la carretera a la que se tiene acceso por unas escaleras que estaban prácticamente congeladas. Un tramo llano a lo largo de la riera nos dejaba casi al lado del Pantano de Vallvidriera, por el cual no llegábamos a pasar. Tocaba subir de nuevo entre varias calles rumbo Mas Sauró para coger de nuevo la pista forestal que rodea el Turó de Castellví, sin embargo a mitad de subida tuvimos que detenernos ya que Marc T. estaba teniendo problemas con la cadena. Tras parar y mirarlo con detenimiento, se percató que con la mezcla de barro, sal que habían tirado para evitar las heladas y la propia nieve, la cadena se había doblado en un par de eslabones. Se ponía rápidamente manos a la obra y gracias a los eslabones rápidos que Víctor le dejaba, en menos de 10 minutos quedaba la transmisión lista y preparada para seguir con la aventura. En ese rato, Víctor, que empezaba a tener los pies algo fríos, se puso unos parches de calor dentro de las zapatillas para ver si así mejoraba la cosa.

Dejábamos a un lado la pendiente que lleva a la trialera de Can Pascual (por la que más tarde teníamos que regresar) y saliamos a la crta. de Molins a Vallvidriera. El grupo empezaba a estar hambriento, pero aún quedaba una media hora de diversión hasta la masía en un par de tramos casi totalmente llanos o de bajada. Esa zona no había estado tan visitada por la muchedumbre ansiosa de nieve y atravesamos un par de zonas prácticamente cubiertas en su totalidad de nieve. Un par de senderos muy divertidos nos dejaban al lado del Turó d'en Serra, en el acceso a la zona de barbacoas y la pista forestal que da acceso a varías masías y restaurantes. Nuestro destino: La masía de Can Ribes.

A pesar del frio y el cansancio acumulado, fue curioso ver como el ritmo se aceleró en el kilómetro previo a llegar al restaurante, no hay que subestimar nunca a un biker hambriento. Por fin llegábamos, a pesar de las adversidades, todos lo habíamos logrado y estábamos de una pieza, no así las bicicletas, que debido al frio, la mayoría tenían el desviador de los platos bloqueado por una gruesa pasta congelada de barro y sal. Tocaba despedir a los dos Marcs, ellos se retiraban ya a sus aposentos los cuales quedaban muy cerca de dónde estábamos. Habían disfrutado de la ruta y pasado por caminos que en años y años no veían. Fueron una estupenda compañía durante la ruta y esperamos verles en próximas salidas.

Las siguientes 2 horas fueron un continuo engullir de todo tipo de delicias que nos había preparado la gente de Can Ribes. Debido al tiempo, estábamos solos en el restaurante, pero solos de verdad. Éramos la única mesa y la dueña de la masía después de que llegásemos, incluso cerró las puertas de acceso para que así no tuviéramos que preocuparnos de las bicicletas. Todo un detalle por su parte que agradecemos enormemente.




Lo cierto es que a pesar de que los precios no eran a los que estábamos acostumbrados cuando realizamos las nocturnas por Mataró, realmente todo estaba muy bueno y también hay que tener en cuenta la variedad de platos de primero que nos fueron trayendo. Todo ello acompañado de un excelente servicio y atención, aunque tampoco era de extrañar, no había nadie más.

Tuvimos un pequeño susto con Víctor finalizando ya la cena, quién empezó a encontrarse cada vez peor, hasta el punto de plantearse irse directo a casa por la vía más rápida. Por suerte, una vez se puso de pie y salió a tomar el aire, empezó a recuperarse paulatinamente y finalmente optaba por realizar el final de la ruta con el resto de la tropa. Pero antes de ello, tocaba la foto de rigor con las barrigas bien llenas.
























Momento de deshacer camino y regresar hasta el desvío de Can Pascual, sin prisa pero sin pausa fuimos entrando de nuevo en calor y lo que a la ida fue un ligero descenso continuo, ahora era subida, por suerte el desnivel moderado permitía realizarlo sin grandes esfuerzos, cosa de agradecer cuando te has pasado casi 2 horas cenando a tutiplén. Algún tramo algo más técnico obligaba a poner el pie en el suelo, un poco de carretera y ya estábamos a escasos metros de Can Pascual.

Allí de nuevo tuvimos una demostración de pericia por parte de Héctor quién a base de echar agua del Camelbak, conseguía recuperar el desviador delantero de hasta 3 bicicletas fundiendo el bloque de hielo que bloqueaba los cables y mecanismos para que pudieran así volver a poder cambiar, poner plato pequeño y afrontar así la corta pero intensa subida que precede a la trialera de Can Pascual.

Aun así, el paso de las horas se notaba y las temperaturas bajo cero habían estado congelando más y más los caminos mientras cenábamos. Finalmente a más de uno no le quedaba más opción que subir ese repechón andando ya que la nieve y el hielo lo hacían complicado incluso andando. Frente a nosotros Can Pascual, una de las trialeras más conocidas de Collserola, noche absoluta, nieve y hielo... nuevamente las ramas y arboles cedían por el peso de la nieve y lo que hasta ahora era una entretenida trialera se convirtió en un continuo esquivar de ramas y resbalones varios por culpa de la nieve. Aun así logramos superarla todos sin mayores consecuencias y al poco rato nos plantábamos en Vallvidriera, de ahí, dejamos a un lado Puig Aguilar y cogíamos la última trialera de la noche, ya en el lado de montaña que da a Barcelona la cual se podía ver totalmente iluminada mientras afrontábamos los diferentes pasos técnicos.

Estábamos ya en la crta. de les Aigües, donde en los primeros metros nos dió la bienvenida un fuerte viento helado que por suerte desapareció al avanzar medio kilómetro. Víctor se despedía del grupo pues estaba ya casi al lado de su casa y el resto nos dirigimos al punto de partida dónde estaban los coches. Unos 5 kilómetros que realizamos seguramente con el mayor ritmo de la noche y es que ya veíamos cerca el momento de darnos un buen baño caliente y meternos en la cama a descansar tras semejante festival de bici, noche y nieve.

Ya nadie quedaba en el Pla dels Maduixers y los únicos coches eran los del Mataró Team y el de Héctor. Tocaba montar todo, asegurarlo bien y despedirse hasta la siguiente; Vincent ponía rumbo a su casa en bici, al vivir cerca de ahí. Una nocturna de las que no se olvidan y de las que costará que se repitan salvo que ahora empiece a nevar en Barcelona cada 2x3...


Otra nocturna completada con éxito, ¿vas a perderte la próxima?



2 comentarios :

Juru Puppy dijo...

Menuda aventura, enhorabuena a todos Vincent ;)

BCN Biker Team dijo...

¡Muchas gracias Chema! Te lo habrías pasado en grande...

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