Refrescándonos por Mataró - Rutas del BBT

Tras el frío, la nieve y el hielo que tuvimos en la última nocturna, estábamos todos deseando una nueva salida en la que las condiciones del terreno fuesen algo menos exigentes con los bikers; por lo que los amigos del Mataró Domingueros Biker Team nos habían preparado un selecto recorrido con algunos de los senderos más divertidos de la zona y cena incluida en la exquisita masía de Can Guinart.

No íbamos a perdernos algo así, el fabuloso día de sol que estaba haciendo solo podía dar paso a un atardecer y una noche estupenda en la que poder rodar y disfrutar de los caminos pero... ¿y esas nubes que están cubriendo por completo el cielo?, ¿y estas 4 gotas que tengo en el cristal de las gafas?, ¿no ira a ponerse a llover en plena nocturna planificada hace más de un mes no?. Bueno... no adelantemos acontecimientos.

16:00 de la tarde, la mayoría de miembros del BBT que van a asistir a la ruta, han quedado en el punto de encuentro habitual en Argentona donde poder aparcar y preparar las bicis cómodamente. Cuando Vincent llega a allí, el sol brilla y el termómetro ronda los 20ºC. En el lugar se encuentra Andreu, quién a pesar de ser de la zona, ha optado por ir hasta allí en coche para ahorrarse a la vuelta, una larga y dura subida en solitario cuando ya todos nos despedimos.

Algunos metros más adelante están Manolo y Marc en pleno proceso de preparación del equipo. Manolo, quién ya se está convirtiendo en todo un habitual en nuestras salidas, se estrenaba con nosotros en esto de las nocturnas; al igual que Marc, que realizaba, no solo su primera nocturna, sino también su primera salida en grupo ya que por horarios lo suele tener complicado y acostumbra a rodar en solitario.

Continúan los preparativos y al lugar llega también Víctor, ya cambiado y prácticamente preparado, solo tiene que descargar su Santa Cruz Butcher del coche. Instantes después llega Siscu ya montado en su Cube, quien nos hará de guía hasta el punto de encuentro en Mataró así como en el resto de la ruta. Esos primeros kilómetros hasta la Plaza Granollers, en Mataró, sirven como calentamiento previo a lo que nos espera, el sol y la agradable temperatura que hace en ese momento, presagian una magnífica ruta.

Falta poco para las 17:00 y el grupo que salía desde Argentona llega al punto de encuentro, son los primeros. Poco a poco van llegando más bikers imprescindibles para la aventura: Jordi, Gabi, Luís, Sergio... Héctor se presenta en el lugar acompañado por Gonzalo, que daba la sorpresa ya que a última hora del día anterior causaba baja, pero finalmente podía apuntarse también a su primera nocturna con nosotros. Cuando Albert y Santi llegaron, el grupo quedaba completo, 14 bikers íbamos a revolucionar el monte durante el atardecer y la noche del sábado 4 de mayo del 2013.























Era momento de iniciar la ruta, no sin antes presentaciones varias entre todos los que nos conocíamos en persona por primera vez, saludos a los ya veteranos, últimos ajustes en el equipo y, como no, en alguna bici. Una vez más Héctor se ponía manos a la obra para ayudar; esta vez la bici de Gonzalo tenía un desajuste en el cambio que requería atención de los expertos. Posteriormente la tija telescópica de Luís también era revisada ya que le daba algunos problema a la hora de poder subir y bajarla y optaba por dejarla extendida por completo.

Subimos Via Europa, atravesamos el pequeño bosque que hay al lado del Decathlon y nos pusimos rumbo a buscar el monte, al cual accedíamos al coger el Camí de la Cornisa, tras haber dejado atrás la C-32, la cual cruzábamos por encima a  través de la calle Galicia. Nos adentrábamos en el Parc Forestal.

Prácticamente todo el grupo estaba en plena forma e iba devorando una tras otra las curvas de la ascensión. A lo lejos, las nubes aparecían sin que en ese momento nadie les diera importancia, seguía haciendo una tarde estupenda para desfrutar del MTB. En la retaguardia, Vincent imprimía un ritmo mucho más tranquilo ya que 3 semanas sin bici por culpa de la rueda trasera le habían dejado más flojo que de costumbre. Marc, Luís, Andreu y Siscu (¡gracias chicos!) iban acompañándole, haciendo relevos para no dejar a nadie atrás a la vez que a Marc le servía para ver su estado real de forma ya que al no haber rodado nunca con otros bikers, aún estaba tanteándo el tema y no quería forzar de más al no conocer tampoco la ruta que nos esperaba por delante.

Pero toda ascensión tiene su recompensa y la primera de la jornada había por fin llegado, en el cruce del campo de tiro empezaba un sendero con el que íbamos a descender casi la totalidad de metros que llevábamos hasta el momento y que prometía ser toda una delicia. Y vaya si lo fue... 5 km. de "single track" en continua y serpenteante bajada con curvas cerradas y otras tantas peraltadas que te permitían ir rápido pero en constante alerta ya que el terreno de la zona poco avisa y, o se tiene agarre, o no se tiene. Todos disfrutamos al máximo de esa bajada y es que fue de las que debería estar en un manual titulado "Como gozar encima de una bici".

La serpenteante bajada finalizaba con la opción de realizar una pequeña pared que algunos se atrevían y otros la dejaban para otro día. Luís, a pesar de los problemas en su tija telescópica, ni se lo pensó y le tiró con convicción, aunque el hecho de no poder bajar la tija le dio algún problemilla en la transición final a plano que finalmente pudo salvar y la cosa no fue a mayores.

La marcha continuó para detenerse a pocos cientos de metros y es que habíamos llegado a una nueva zona de "divertimentos". Un par de pequeñas rampas fueron catadas por algunos de los bikers mientras el resto aprovechaba para hacer alguna foto, reponer fuerzas y comer algo. Abajo podemos ver a Héctor en acción afrontando con prudencia una de estas zonas que salva sin ningún tipo de problema.



La diversión se había acabado por el momento y es que, al descender casi todo lo subido hasta entonces, era turno de nuevo de una buena ración de subidas y pendientes varias. Durante unos 2,5 km fuimos en paralelo a la C-60, en busca de esas pistas y caminos que de nuevo nos harían ganar metros monte a través. Estaba oscureciendo algo más rápido de lo habitual, nubes y más nubes tapaban progresivamente el cielo mientras el grupo de 14 bikers iba afrontando el camino y las fuerzas disminuían paulatinamente.

Nos encontramos subidas y rampas de todos los tipos y colores, algunas hicieron bajarse incluso a bikers montando rígidas; desde luego nos estábamos ganando la cena a base de bien y casi seguro que era el incentivo principal en la mente de todos cada vez que una nueva curva nos dejaba ver que la ascensión aún continuaba por delante. Unos 5 km en los que remontamos aproximadamente 250 metros de altura con alguna pausa entre medio que se aprovechó para acabar de instalar luces y, la mayoría, sacar el chubasquero.

En efecto, estaba empezando a chispear, rondaban las 20 horas pero parecía mucho más tarde debido al cielo cubierto casi por completo y finalmente empezábamos todos a aceptar que esas nubes tan grises, a lo mejor sí que habían venido con ganas de guerra. Continuamos la marcha encontrándonos otra de esas paredes que solo con asomarte dan respeto, en realidad eran dos y, sin duda, las que más desnivel tenían de todo lo hecho durante la ruta. La más complicada la descartaba la totalidad del grupo y la otra, algo menos salvaje al no tener escalón de por medio, era atacada y ejecutada sin problemas por los bikers mas "endureros" de todo el pelotón.

Había que empezar a ponerse las pilas, esa lluvia no solo no tenía pinta de parar en breve sino que por momentos se iba intensificando, bajamos el sendero de San Carles ya casi a oscuras y lloviendo, las gafas eran ya más un estorbo que una ayuda. Llevábamos 20 kilómetros cubiertos y los 10 siguientes hasta que llegamos a la Masía la verdad es que transcurrieron entre una mezcla de decepción, rabia, algo de frio y, evidentemente, agua y tierra por un tubo.

























Aquello ya no tenía arreglo, el terreno empezaba a hacerse pegajoso, la mayoría estábamos empapados, pies en remojo y fríos, los guantes se podían escurrir como una bayeta... Optamos por suprimir del trazado previsto un par senderos algo más técnicos y pusimos rumbo directo al restaurante. Fueron 10 km en los que tuvimos que dar ese punto extra de nosotros mismos y pese al terreno enfangado, el agua y tierra que te rociaba por completo a la que cogías velocidad y el frio en pies y manos que algunos empezaban a tener, finalmente conseguíamos llegar a la masía con unas pintas más que curiosas...

Tras guardar bajo llave todas las bicis en un garaje que nos cede la gente de Can Guinart cada vez que vamos, era momento de intentar buscar la forma de que se nos secase la ropa mientras cenábamos, la mayoría no había imaginado semejante desenlace y no llevábamos nada de recambio por lo que los radiadores de la masía se convirtieron en improvisados secadores mientras todos nos íbamos sentando a la mesa.

Las casi 3 horas siguientes se resumen en risas, excelente compañía, deliciosa comida y bebida, y más y más risas y anécdotas de todo tipo...






Por desgracia el restaurante se llama "Masía" y no "Hotel" por lo que llegaba el momento de ir mentalizándose de que en breve habría que abandonar el lugar de semejante banquete, si bien más de uno habría firmado al instante para quedarse ahí mismo durmiendo encima de una mesa si hubiera hecho falta.

Los radiadores no habían cumplido demasiado su misión y la mayoría de ropa seguía muy mojada, era momento de buscar ideas alternativas y hacer correr metros y metros de rollo de papel para, en un momento, crear todo tipo de vanguardistas complementos que ni en los mejores catálogos de Mavic o Assos encontraréis, no los busquéis en tiendas, tenemos la patente exclusiva.



Tras un buen rato preparándonos para la parte final del recorrido, algunos llegaron a limpiar la bici con una manguera que había por allí, todos estábamos listos, con el estómago lleno y con más ganas de llegar a casa que de ponernos a pedalear, era el momento de la foto oficial de la nocturna.

























Retomar la marcha fue más escandaloso que una manada de elefantes atravesando un campo de minas, las pastillas de freno de la mayoría, entre el frio, la humedad y el barro, a poco que se frenase emitían todo tipo de sinfonías que rompían con el silencio de la ya más que superada medianoche. No fue el caso de las pastillas Galfer en compuesto Advanced que está probando estas semanas Vincent en su máquina, este compuesto pensado concretamente para lluvia y barro, se mantuvo totalmente silencioso en todo momento, manteniendo el mismo poder de frenado que en seco, buenas sensaciones por el momento.

Mención especial a las risas inevitables al ver como Gonzalo retomaba la marcha y en menos de 100 metros se iba al suelo al patinarle la rueda delantera en plena subida y meterse de lleno en el arcén izquierdo del camino en un intento algo innovador de bajarse de la bici con estilo.

Desde Sant Andreu del Far, al salir de la masía, pusimos rumbo a Dosrius, a través de varias calles de urbanizaciones, senderos de tierra y un tramo de carretera. Tras dejar atrás la población, nos adentramos en la riera de Argentona, en unos kilómetros finales muy divertidos siguiendo un pequeño camino de menos de 2 palmos de ancho en el que la vegetación llegaba por la cintura y apenas dejaba ver en según qué tramos por dónde transcurría. La aventura estaba llegando a su fin y, por suerte, tras la cena ya no volvió a llover más.

Era el momento de las despedidas, parte del grupo se iba rumbo a los coches en Argentona mientras que el resto directos a sus hogares en Mataró. Pese a la lluvia que nos obligó a retocar en parte la ruta todos habíamos disfrutado tremendamente y una cosa teníamos todos clara: en la próxima nocturna nos vengaremos y le daremos caña con más lúmenes, más senderos y más bikers apuntados a esta gran fiesta que es rodar de noche con los Mataró Domingueros Biker Team y los BCN Biker Team; si no llueve claro...

¡Nos vemos en la siguiente!


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