A la conquista de la Zona Zero - Día 2 - Rutas del BBT

Tras la aventura del día anterior realizando la ruta del Ibón de Plan, el martes 27 tocaba un recorrido con el que seguro que se le haría la boca agua a más de uno: La Maxiavalanche de la Peña Montañesa o, lo que es lo mismo, 18 km en los que se descienden 1.200 metros y se ascienden tan solo 190.

Sin embargo, tal vez por idealizarla demasiado, por el cansancio del día anterior, por la combinación de llevar cascos integrales y lucir un sol radiante o por el hecho de que la gran mayoría de tramos de bajada tenían un montón de piedras sueltas de considerable tamaño en medio de las trazadas, aquello no salió tal como se esperaba...

El despertador sonaba a las 7:30 y al poco rato ya estábamos vestidos y desayunando en el hotel, aun teníamos que ir a comprar algunas botellas de agua para rellenar los Camelbaks y contactar con uno de los servicios de transporte asociados a la Zona Zero para que nos llevasen hasta el inicio de la ruta ya que el día anterior nos fue imposible hablar con ellos. Tras una llamada por parte de la gente del hotel, finalmente acordábamos el transporte y a las 10:30 nos pasarían a recoger.

Con tiempo de sobras, preparamos las mochilas, nos fuimos vistiendo ya con todo el equipo y, ya que habíamos traído los integrales, sin duda aquella era la ruta indicada de las 3 elegidas para esos días, ya que íbamos a bajar 1.200 metros y subir tan solo 190. Aún era temprano y estaba medio nublado, con una temperatura más que agradable, por lo que también optamos por llevar manga larga y, evitar así, otra sesión intensiva de sol en nuestros brazos.

El transporte llegaba puntual y es cuando conocimos a Quique, quién nos llevaría hasta el punto de partida: la Collada de la Peña Montañesa. Para ello había que llegar hasta el pequeñísimo pueblo de Ceresa, con unos 35 habitantes y situado a 900 m. de altura y, desde allí, abandonar el asfalto y coger una pista forestal bastante "hecha polvo" que tras 7 km. subiendo sin parar nos dejaría en La Collasa, a 1548 m. de altura e inicio de nuestra ruta.

Preparativos finales antes de ponernos en marcha mientras Quique, al que también le encanta esto del MTB, aprovechó para hacernos varias fotos y posteriormente bajar un poco para esperarnos y grabarnos en vídeo con su cámara desde la pista. En ese momento aparecieron casualmente nuestros vecinos de habitación en el hotel, dos ingleses con sendas motos enormes para rutas de montaña de gran recorrido y, tras una mini conversación de medio minuto, nos hacían la foto oficial antes de empezar a bajar.

El sol ya se dejaba sentir con fuerza, rondaban las 11:30 de la mañana y por suerte la altura compensaba un poco la sensación térmica, pero ya teníamos claro que lo poco que tocase subir, iba a hacérsenos muy pesado. GPS del móvil conectado y ya estaba todo listo para empezar a bajar, un pequeño sendero salía de uno de los lados de la pista que acabábamos de subir con la furgoneta y allí empezaba la aventura, con un estrecho y rápido sendero con algunas piedras transcurriendo entre árboles que de pronto daba paso a una tartera en la que se debía extremar las precauciones para superar con éxito las enormes piedras sin perder de rumbo la estrecha trazada del camino.

Tras un par de pequeños tramos en las que nos capturó en vídeo Quique, nos despedíamos de él ya que ahora nuestros rumbos se separaban por completo. La ruta no había hecho más que empezar y estábamos deseando ver que nos depararía el trazado que nos devolvería en su final directamente a Aínsa, donde estábamos alojados.

Íbamos progresando y parecía que la cosa no terminaba de "arrancar" a bajar, tramos llanos de pedaleo y pequeños repechones llenos de piedras hacían que tan solo media hora después de haber iniciado la marcha ya estuviéramos chorreando de calor entre el casco integral y el peto protector que ambos llevábamos, y eso que a ratos las nubes tapaban el sol. No acababa de empezar bien la cosa, aunque las bajadas interminables debían estar justo al llegar, nos repetíamos continuamente el uno al otro.

Lo que sí hay que decir es que el entorno era espectacular y estábamos atravesando parajes a gran altura de los que quitan la respiración. De hecho, algunos de los puntos de paso realmente no eran aptos para gente con vértigo pues eran varios los puntos en los que se atravesaban complicadas tarteras de piedras sueltas o estrechos pasos en resbaladizas laderas de gran inclinación donde perder el agarre de los neumáticos podía suponer un verdadero susto.


Las nubes se habían retirado y un fantástico sol nos hacía sudar lo que no está escrito, los tramos de llaneo y repechones seguían sucediéndose y las reservas de nuestros Camelbaks bajaban alarmantemente, de hecho Vincent, a tenor de los datos de la ruta, solo había metido litro y medio de agua en el depósito y viendo el calor y consumo de agua hasta el momento, ya tenía claro que iba a necesitar una fuente donde reponer más adelante.

Todo un acierto y una funcionalidad excelentes los que estos 3 días nos ha dado la funda para móvil y su correspondiente soporte para bicicleta de la marca Lifeproof que desde Mobilefun.es nos hicieron llegar para su test y análisis; y es que el método utilizado en rutas anteriores de tener que ir sacando y guardando el móvil en la mochila era un engorro de proporciones bíblicas.

A pesar de lo accidentado que ha sido el terreno en los 3 días de rutas, el soporte no se ha movido ni un mm. de su posición y hemos podido seguir sin mayores problemas (pese al despiste del primer día) los tracks que descargamos de la web de Aínsa usando la aplicación para iPhone Motion-X GPS, de la cual os traeremos un pequeño análisis en las próximas semanas.

Asados de calor y cansados de tanto llaneo y repechones, muchas veces impracticables por la gran cantidad de piedras sueltas, decidíamos hacer una parada, reposar un poco y comer y beber algo; momento que también aprovechábamos para hacernos alguna foto en tan espectacular entorno.


Reanudábamos la marcha, el camino estaba marcado en todo momento por señales blancas y amarillas y poco a poco íbamos perdiendo metros aunque debemos decir que cuando por fin se animaba la cosa, nuevamente una cantidad ingente de piedras sueltas de gran tamaño estropeaban el "disfrute".

Y ojo, que no pretendíamos autopistas lisas de bajada, ni mucho menos, habíamos ido a Aínsa buscando bajadas técnicas, complicadas y rotas, pero una cosa son tramos con esas características y otra bien distinta es que casi todos los pasos estuviesen inundados de piedras sueltas de todos los tamaños que se habían ido cayendo de las laderas y que no suponían diversión alguna... Lo cierto es que hasta el momento la ruta, entre el calor, los repechones y los pedregales, nos estaba decepcionando bastante mientras cada vez nos alejábamos más del enorme conjunto rocoso de la Peña Montañesa.


Estábamos ya en Oncins, dejando atrás las zonas de bosque y árboles y quedando totalmente expuestos al sol que ya sin nube alguna a la vista, apretaba de valiente. Nos encontramos a otros dos bikers realizando esa parte del trazado, la cual fue algo más divertida, aunque no exenta nuevamente de piedras por todos lados. Vincent agotaba al poco rato sus reservas de agua, Jordi optaba por quitarse el peto y engancharlo en la mochila y mientras tanto, la desesperación crecía en ambos al tener delante una nueva cuesta para la cual Jordi también optaba por quitarse el casco y Vincent directamente la realizaba a pie. Llegado ese punto ya estábamos hasta las narices de ese track y eso que por delante nos quedaban aun unos 7 km, pocos sí, pero aquello se nos estaba haciendo eterno.

Más de una hora después de que a Vincent se le acabara el agua, llegábamos a El Pueyo de Araguas, donde fue un poco surrealista el ver que no había absolutamente nadie en sus calles, todo cerrado a cal y canto, incluso un restaurante que había allí. Si no llega a ser por 3 o 4 coches aparcados podría haber sido incluso un pueblo fantasma.

Por fortuna Jordi dio con una fuente que supuso la salvación de Vincent, quién llevaba ya rato que no daba más de sí ni siquiera andando. Media hora de parada en la que ambos comieron y bebieron para recuperarse de la sudada que se estaban pegando ese día.

Ese descanso con agua y barritas le sentó de fábula a Vincent quién esperaba que, al menos, en los kilómetros restantes hasta Aínsa, encontrasen algún tramo entretenido para rematar el día.

Un pequeño tramo de escalones con bastante pendiente y una zona de terreno ondulado muy divertido donde se podía circular realmente rápido fueron dos pequeñas guindas que pusieron punto y final antes de salir a carretera y realizar los dos últimos km de la ruta por asfalto, sin duda algo totalmente insuficiente para arreglar el día.

Ya estábamos en el hotel, las bicis directas al cuarto que tenían habilitado donde varios clientes guardaban allí sus máquinas, y directos a la habitación a ducharnos y recomponernos de tan extraño día.

¿Cansancio acumulado del día anterior?, ¿el calor de llevar el integral y el peto y aun así tener que afrontar varios tramos de pedaleo?, ¿la escasa previsión de agua llevada?, ¿los tramos completamente llenos de piedras caídas de las laderas? No sabemos aún bien a que se debió, pero al igual que a ambos no nos importaría en absoluto repetir la ruta del primer día hasta el Ibón de Plan, tenemos bien claro que esta no la vamos a volver a hacer en la vida. Fue la pequeña decepción de nuestro viaje a Aínsa, con una ruta que pensábamos que sería brutal y acabó siendo nuestro pequeño infierno particular.


No te pierdas la galería de fotos completa de los 3 días en nuestro Facebook y ya de paso anímate y hazte fan para estar al tanto de las sorpresas y sorteos que muy pronto anunciaremos.


Maxiavalanche de la Peña Montañesa... ¡Hasta nunca!

0 comentarios :

Publicar un comentario en la entrada

 

Visitas y bikers

Powered by Blogger