Recorriendo el Carlit y sus lagos - Día 1 - Rutas del BBT

No nos equivocaremos al afirmar que, posiblemente y hasta el momento de escribir esta crónica, esta ha sido la ruta que se ha preparado con más ilusión, detalle y recursos, por parte de todos los que finalmente confirmaban su asistencia hace ya algunas semanas. Dos días en bicicleta por los Pirineos durmiendo en un refugio de alta montaña no es algo que se haga cada día y, ya con el invierno a la vuelta de la esquina, no podíamos ni queríamos retrasarlo más.

Alrededor de 180 km. de distancia separan Barcelona del punto de encuentro, dentro ya de territorio francés, en el pueblo de Angoustrine. Allí van llegando poco a poco los 4 coches que transportan a los 8 bikers que tomaban parte de esta aventura. Sara y Víctor, los más madrugadores, llegan poco después que Abel y Vincent, quiénes han tomado una ruta más directa y son los primeros en llegar. Sergio y Jordi sufren un ligero retraso al darse cuenta, ya en carretera, de que Sergio se había olvidado el casco. Finalmente llegan Jose y Héctor acompañados de Biquili, el perro de este último, el cual también se unía a la fiesta de alta montaña.

La hora prevista de inicio de la ruta eran las 10:00, pero los retrasos varios y, sobretodo, los ajustes de última hora con el tema portabultos que algunos habían decidido montar para no llevar tanto peso en la mochila, demoraban considerablemente el inicio de la salida.

Cargados hasta las cejas, rondaban las 11 de la mañana cuando arrancaba la aventura y nos poníamos rumbo al inicio del track, situado a escasos metros de donde habíamos dejado los coches.

Una pista que rápidamente se adentraba en campo y montaña con una pendiente moderada, servía como breve calentamiento ante todo lo que se nos avecinaba. Algunas paradas para acabar de ajustar alforjas, solucionar algunos roces de los bultos y quitarse algo de ropa puesto que el sol empezaba a brillar con fuerza y algunos iban excesivamente tapados debido a los partes meteorológicos de días anteriores que daban temperaturas cercanas a los 0ºC en cotas superiores de la ruta.

Las bicis con alforjas se notaban torpes y pesadas y, los que habían optado por llevarlo todo en la mochila,  ya tenían claro que iban a acabar con los hombros "calentitos", pero no le importaba a ninguno; el fin de semana acababa de empezar y había ganas de montaña y disfrutar de la bici entre colegas. Además, una ruta nueva siempre tiene curiosidades varías y ya nos íbamos encontrando alguna, como el pequeño puente sin barandilla y con unos peldaños que no parecían los más sólidos del mundo, que uno a uno fueron superando todos los bikers seguidos por Biquili, que no dejaba de correr arriba y abajo entusiasmado con la salida.

Tan solo duró 1 km escaso esa pendiente moderada y el terreno empezó a subir con mayor inclinación a la vez que nos encontramos con uno de los episodios memorables del día.

Un rebaño de reses ocupaba parte del camino por el que debíamos continuar y Biquili, como buen perro al que le gusta cotillear todo y no se está quieto ni un segundo, debió asustarlas más de la cuenta ya que desde el final del grupo, vimos como en un momento se formaba una pequeña estampida hacia Héctor y su perro que dejaron pálido a más de uno. No les pasó nada y el resto del grupo, tras unos minutos dejando que los animales se calmasen, pasaron poco a poco sin mayores problemas, pero desde luego ya había tema de conversación para los siguientes metros de la ruta.

Algunos problemas con la carga en los portabultos traseros persistían y, Héctor y Jose, reajustaban de nuevo la carga para evitar que esta se moviera con el traqueteo del camino. Aun así, Jose acababa con la chaqueta que se había quitado, pillada en la rueda trasera y haciéndole algunos agujeros en un lateral. Estaba claro que la mayoría estábamos muy verdes en esto de ir tan cargados en bici.

Unos 2 kilómetros duró esa pista y de golpe nos vimos inmersos en lo que, finalmente, supondría el tener que cambiar por completo el plan del fin de semana: un diminuto sendero exclusivo para trekking donde caminar y trepar se podía hacer sin problemas siempre que uno no fuera cargado con una bicicleta con la que en muchos puntos era necesario incluso hacer una cadena para poder ir avanzando y ayudándonos los unos a los otros.

Al no haber hecho ninguno ese track, todos confiábamos en que eso solo fueran algunos centenares de metros y que de nuevo pronto la pista ciclable aparecería. Sin embargo el camino cada vez nos ofrecía situaciones más insólitas, como la que recoge la foto; nada menos que una manada de caballos en un pequeño espacio cerrado por el cual el sendero atravesaba. Debíamos abrir la verja, pasar todos, y realizar lo mismo 50 metros más adelante con la otra puerta que cerraba ese espacio.

Todo ello en un espacio realmente reducido y aún con el "susto" reciente de la estampida de hacía unos minutos por lo que, uno a uno, fuimos pasando muy despacio para no asustar a los caballos, algunos de los cuales no apartaban la mirada de nosotros. Para colmo, los últimos del grupo no cerraron a tiempo la verja y uno de los caballos se escapó sin que pudiéramos hacer nada. Desde luego una pintoresca situación ya que no acabábamos de entender qué hacía en medio de ese sendero un recinto cerrado con caballos el cual no podías esquivar de ninguna manera.

Tras reagruparnos, decidimos hacer una pequeña pausa para dar 2 mordiscos a bocadillos y barritas. El avance estaba siendo muy lento y complicado y quienes habían decidido cargar parte del peso en la bici para no llevarlo en la espalda, ahora se encontraban que costaba horrores moverla con agilidad entre las rocas por las que había que ir a veces incluso trepando. Desconcertados por el tipo de camino por el que se estaba desarrollando el track, no nos quedaba más remedio que continuar.

Llegado a un punto donde realmente tuvimos que hacer malabarismos para superarlo, ocurrió lo que posiblemente más risas y carcajadas generó para el resto del fin de semana.

Después de ayudarnos unos a otros a pasar las bicicletas en un punto de rocas complicadas Abel exclamaba indignado: "¿Y esta gente que tira porquería en la montaña?", a la vez que se agachaba y cogía lo que parecían 2 zumos envueltos en un plástico.

Tras cogerlos, se los queda mirando ya que algo no le cuadra, esos zumos son iguales a los que él lleva en su mochila y, tras un breve silencio, se quita apresuradamente la mochila y descubre que, en efecto, esos zumos son los suyos y los había perdido instantes antes al ayudar con las bicicletas. Aquí empezaron ya las risas, sin embargo el momento épico se produjo cuando vió que los 2 bocadillos que había guardado junto con los zumos, tampoco estaban ya en la mochila. "¡He perdido los bocadillos también!" y fue justo ponerse a mirar si los veíamos que apareció Biquili comiéndose uno de los 2 bocadillos perdidos. Y así fue como Abel, que además era el que menos comida había traído, acabó degustando la comida de los demás entre las risas de todos recordando cada vez ese momento.


La marcha continuaba, las horas pasaban y nos cruzamos con varios senderistas que nos confirmaban lo peor: ese sendero tal cual, impracticable en bicicleta en un 99%, tenía una longitud de unos 10km. Es decir, prácticamente nos iba a llevar todo el día realizar ese sendero cuando nosotros habíamos calculado poder hacer unos 26 km. y poder llegar así al refugio de montaña donde poder pasar la noche. Ese 1% ciclable lo aprovechamos bien aprovechado, llevábamos ya más de 3 horas de ruta y apenas habríamos pedaleado media.

Pero esos pequeños claros no tenían ni 50 metros de longitud y de nuevo tocaba volver a bajarse de la bicicleta y cargar con ella. Decidíamos seguir adelante puesto que tampoco quedaba otra alternativa y volver al coche es algo que no queríamos hacer pero a esas alturas, ya nos estábamos acordando de toda la familia del genio que subió la ruta a Wikiloc y no puso comentario alguno sobre estos 10km de inicio totalmente inciclables.

Nueva parada para comer algo puesto que el esfuerzo estaba siendo doble: de piernas para avanzar y de brazos y hombros para hacer que la bici avanzase con nosotros.

Hasta el momento el que mejor se lo estaba pasando con diferencia era el perro de Héctor, el resto del grupo sobrellevaba como podía el desengaño de ese tramo pero como siempre todo puede ir a peor...

Al seguir progresando y ganando altura, a la dificultad del camino ya comentada, se le añadieron barrizales de palmo y medio fruto de las lluvias de días anteriores que aun complicaban más el avance y suponían el buscar formas de paso alternativas mientras veíamos como, por tiempo, ya nos iba a resultar imposible completar los kilómetros previstos del día.

Así pues nos marcamos como objetivo liquidar de una vez ese tramo, el cual nos dejaría en Les Bulloses, un embalse artificial que también tiene acceso por carretera y que supone el punto de salida de muchas rutas a pie donde sabíamos que había 2 hoteles y un refugio.

Nuevos excursionistas nos confirmaban que aún faltaba un poco para llegar a dicho punto a la vez que nos miraban asombrados al estar metidos ahí con las bicicletas y cargados hasta los topes. Pero por fin nos librábamos de todo ese tramo y salíamos a una amplia pradera donde el paisaje y las vistas realmente eran un regalo.

Un par de riachuelos cruzados, una improvisación sobre el trazado original y, tras 2 kilómetros por una pista abierta y despejada, sobre las 16:30 llegábamos a Les Bulloses sin tener la certeza de poder realizar los 15 kilómetros que nos faltaban antes de que anocheciese ya que, a esas alturas, ya no confiábamos en absoluto en el track que llevábamos y no podíamos arriesgarnos a que se nos hiciera de noche en medio de la nada.

Pequeños momentos de disconformidad entre todo el grupo ya que algunos querían volver por carretera al coche y olvidar ese día, sin embargo la ruta por carretera daba mucha vuelta y suponía 30 kilómetros, algo que sin luces y sin conocer tampoco la zona, no era muy sensato de hacer. Otra opción era buscar un refugio a 1 o 2 horas de allí que nos mostraba el GPS, lo que quedaba más o menos de luz, y al menos pasar la noche en el monte y mañana regresar modificando la ruta, pero de casualidad un excursionista que nos escuchó hablando del tema, nos advirtió de que a ese refugio al que pretendíamos ir, no cabían apenas 4 personas y que estaba en muy malas condiciones, por lo que también quedaba descartado.

Así pues, decidíamos quedarnos en Les Bulloses y pasar noche en alguno de los hoteles o el refugio de alli, pero ya se sabe que una cosa es querer, y la otra poder: los 2 hoteles y el refugio estaban completos y no había más plazas. Al ser un punto accesible en coche, estaba realmente lleno de excursionistas e incomprensiblemente, no fueron capaces de hacer un hueco a 8 personas que venían en bicicleta después de todo un día de ruta. Tras insistir en el refugio, nos dijeron que si deshacíamos unos 2 km por donde habíamos venido, allí debería haber un refugio no vigilado, nuestra última esperanza que si salía mal nos podría costar muy caro ya que la opción de volver por carretera se habría tenido que hacer integra ya casi de noche.

Por fin los astros se alinearon a nuestro favor y, tras deshacer parte del camino, encontrábamos las indicaciones que nos llevaban hasta el refugio mencionado. Por suerte estaba entero y vacío, ya que era bastante pequeño al ser la mitad una cuadra para caballos y si nos hubiéramos encontrado ya dentro a algún otro grupo, habría sido la gota que colma el vaso. Sin embargo ahí estábamos, ya todos respirando más tranquilos y disfrutando de un entorno espectacular ya que al lado del refugio había un pequeño lago, un entorno de película. 



El interior no era ninguna maravilla pero tenía 2 pequeñas estancias y en una de ellas había una chimenea. Así que, tras dejar las bicis y reposar un poco de semejante caminata a la vez que todos comíamos algo para recuperar fuerzas, lo siguiente que nos tocaba era salir a por leña seca con la que poder encender un fuego. Ahí la multiherramienta de Vincent fue providencial y permitió cortar algunas ramas de árboles caídos que simplemente estirando no se podían romper. Pusimos tal empeño en recolectar madera que al final nos acabó sobrando más de la mitad.

Y se hizo el fuego... teníamos la chimenea funcionando y así podíamos compensar el frío que iba notándose cada vez más al estar ya el sol poniéndose, sin embargo tenía varios agujeros en su interior y poco a poco la estancia se iba llenando de humo. Iba a tocar pasar la noche con la chimenea apagada y tapados hasta las cejas, aun no sabíamos hasta qué punto iba a hacer frio esa noche.

El sol desapareció por completo y ya resguardados en el interior del refugio todos iban preparando su esterilla y saco de dormir a la vez que se cambiaban o ponían ropa extra. Un pequeño hornillo de gas permitió además que los que habían traído algo más original que un bocadillo, pudieran calentárselo y cenar algo en condiciones.

El grupo no tardó mucho en irse a dormir, todos habíamos madrugado mucho y al día siguiente tocaba lo mismo ya que la ruta original quedaba abortada y teníamos que ver como regresar hasta los coches así que cada cual se fue metiendo en su saco para pasar la noche.


Con la chimenea ya apagada y la oscuridad reinando, empezamos a saber lo que es hacer frío de verdad. Nadie pasó muy buena noche, ya fuese por despertarse con los ronquidos de otro, o por las corrientes de aire que se notaban en el interior. Sin embargo quién tuvo un debut especialmente duro durmiendo en el monte fue Vincent, quién por no querer ir más cargado de la cuenta, iba con una esterilla y un saco de dormir para emergencias "ultraligths", que resultaron ser la mayor castaña comprada por Internet y que hicieron que acabase sentado en el banco de madera de la sala de la chimenea toda la noche viendo pasar las horas. Con tanto tiempo por delante, pudo darse algún paseo nocturno y disfrutar del silencio de la montaña a pesar del cansancio que llevaba encima y aun con todo, le quedó humor para sacar la cámara y hacer una foto del exterior del refugio en plena noche.

Las horas fueron pasando y por fin se empezaba a divisar algo de claridad en el horizonte, el segundo día de esta aventura estaba a punto de empezar y ninguno tenía ni idea de como iba a acontecer ni si sería mejor o peor que lo vivido hasta el momento.



Continuará...

4 comentarios :

Sara Terrones dijo...

Recordad, nunca nunca nunca hagais caso de un track de Wikiloc sin comentarios.
Ahora leyéndolo me río, especialmente del momento vacas y bocadillos, pero sufrí lo mio cargando la bici, que más de un momento estuve tentada de tirar montaña abajo (ah, no, que tampoco había espacio para tirarla).
Tras la negativa en los tres refugios del lago de alojamiento, y viendo que la única opción era la cabaña en la que finalmente dormimos, hice el mejor descenso de mi vida. Mochila grande a la espalda, Camelbak en el portabultos y a pedalear como si no hubiera mañana para llegar a la cabaña ;)
Siempre nos quedarán las risas que nos echamos para mejorar ese sábado!

tony 8000 dijo...

Buena aventura!!!y buenas fotos!!yo lo que no entiendo es la peña que sube traks y no avisan nada...saludos!!

Litrox BCN dijo...

Tremenda aventura chicos!!
Esperando la segunda parte....
SL2

BCN Biker Team dijo...

Desde luego será una aventura que, todos los que fueron, tardarán en olvidar.

¡Gracias a tod@s por leernos!

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