Recorriendo el Carlit y sus lagos - Día 2 - Rutas del BBT

Tras las situaciones vividas el día anterior, algunas donde reímos a carcajada limpia y otras de desesperación total ante la impotencia de no poder hacer nada tras arruinarse el día entero con esos 10 km totalmente inciclables, un nuevo día amanecía. Debíamos recogerlo todo, decidir la ruta por la que volver a los coches y ponernos en marcha lo antes posible por los posibles percances que pudieran ocurrir a lo largo del día.

Los más madrugadores pudieron contemplar el lujo de un amanecer espectacular, reflejándose los primeros rayos de luz en el estanque que había a pocos metros del refugio. La noche había sido muy fría y una capa de hielo superficial recubría charcos y hacía crujir la hierba bajo nuestros pies.

Poco a poco todos se fueron despertando, volvimos a encender la chimenea para entrar un poco en calor a la vez que íbamos desayunando y recogiendo las mochilas. Había que montarlo de nuevo todo en las bicicletas y eso nuevamente volvió a retrasar la hora de la salida. Sin embargo, siempre hay tiempo para hacerse la foto oficial de la salida...

Al haber estado Héctor por esa misma zona anteriormente, decidimos volver a los coches por una de las pistas de un centro BTT de la zona, dicha pista nos acabaría dejando en carretera y de ahí realizaríamos unos 10 km por asfalto que nos llevarían hasta el pueblo donde dejamos los coches. Sin la posibilidad de mirar tranquilamente nuevos tracks y combinaciones de senderos, era la opción más sensata y fiable para poder llegar a una hora prudencial de nuevo a casa.

El segundo día de esta aventura arrancaba y lo hacía bordeando el estanque que teníamos justo delante, desde donde empezaba ese sendero de varios km que nos conectaría con varios otros hasta alcanzar el asfalto.

Todos seguíamos bien tapados después del suplicio de dormir sin la chimenea y con unas ventanas que dejaban entrar más aire del deseado en una noche que estuvo por debajo de los 0ºC, pero una vez salido el sol y teniendo que pedalear, pronto fueron varios los que empezaron a sacarse algo de ropa.

El camino desde el primer metro estaba siendo realmente divertido, todos hubiéramos firmado por que el día anterior hubiese sido solo la mitad de eso. Adentrándonos en bosque alpino, una sucesión de llaneos y bajadas con bastante piedra hacían las delicias de algunos, mientras que los que iban con la bici más cargada se lo tenían que tomar con calma.

El camino que recorríamos cruzaba la estación de esquí de Font Romeu, solo que ahora en vez de nieve y esquiadores, estábamos nosotros y... cazadores. Algún que otro disparo oímos, nos cruzamos con ellos y con una estampa realmente fea: uno de los animales ya capturado y fallecido, era arrastrado con un cable por un todoterreno que se lo llevaba vete a saber dónde.

Continuamos la marcha enlazando varias pistas, algunas de ellas con considerable pendiente tanto subiendo como bajando, donde alguno estuvo a punto de perder algún bulto entre tanta piedra y baches del terreno.

Lucía un sol espléndido y cada vez sobraba más ropa por lo que alguna que otra parada volvimos a hacer para sacarnos alguna capa.

Los tramos más técnicos ya habían quedado atrás y ahora nos limitábamos a disfrutar del entorno y el buen día que estaba haciendo, cada vez estábamos más cerca del tramo final de asfalto, que nos llevaría desde Superbolquere hasta Angoustine.

Una vez empezado ese tramo por asfalto, aun tuvimos una nueva sesión de bosques y lagos en nuestro afán de hacer la menos carretera posible y nos adentrábamos en una zona con barbacoas y un lago donde decidimos parar a descansar y comer algo. Allí, gozamos además de la hospitalidad de una familia que se estaba pegando un buen banquete y nos trajeron un par de carnes recién hechas para que pudiéramos degustarlas.

Tras esa pausa, salíamos de nuevo a asfalto, donde Héctor debía controlar el ritmo de Biquili para que no se acabara haciendo daño con el abrasivo asfalto, pues aun había unos 10 km por delante a recorrer.

Pasados unos minutos de desconcierto intentando averiguar la ruta correcta entre el entramado de calles en el que nos encontrábamos, un vecino de la zona nos daba las indicaciones y nos poníamos en marcha. Pero el grupo tenía en parte más ganas de montaña y decidíamos coger un camino que supuestamente nos llevaría parte de la ruta evitando la carretera; la jugada salía bien a medias ya que el recorrido completo que marcaba el GPS se adentraba de nuevo demasiado en montaña y no queríamos correr riesgos sin saber qué íbamos a encontrarnos, así que atajamos por un campo realizando una pequeña sesión de Freeride que supondría los últimos metros del fin de semana por montaña pues nos dejaba de nuevo en la carretera.

Fue poco después de eso, con apenas 2 km de asfalto recorridos cuando Biquili se resentía de todo un fin de semana corriendo de arriba a abajo en el que esos kilómetros finales por asfalto le hacían empezar a sangrar una de sus patas. Héctor decidio parar a descansar y que fuese recogido en coche por Jose, con quién había venido. 

El resto del grupo continuó la marcha por carretera, había ganas de llegar y dar por concluído un fin de semana que no había salido, ni de lejos, como teníamos pensado, si bien alguno de los caminos del domingo había estado la mar de bien. Tras un tremendo descenso por asfalto de varios km hasta Angoustine, por fin llegábamos a los coches, la aventura pirenáica llegaba a su fin mientras más de uno ya pensaba en como quitarnos esta espinita preparando una nueva salida... 

¿Te apuntas con nosotros?



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