Port del Comte - Día 1 - Rutas del BBT

Y, tras la decepción del Carlit, la 2ª ruta de 2 días pasando la noche en montaña había llegado. Antes de empezar nos llevábamos ya el primer disgusto al no poder asistir finalmente Héctor ni Gonzalo. Coincidencias del destino, justamente había sido Héctor quien propuso esta ruta y a última hora debía cancelar su asistencia al no recibir a tiempo unas piezas para su rueda trasera.

Así pues, finalmente Abel, Jose, Víctor y Vincent eran los 4 bikers que se plantaban a eso de las 8:00 de la mañana en Sant Llorenç de Morunys, un pueblecito a 800 metros de altitud situado a unos 20 kilómetros al norte de Solsona. Aparcábamos justo donde el track marcaba el inicio de la ruta y por delante nos esperaban 84 kilómetros y 2.984 metros de desnivel positivo acumulado a repartir entre el sábado y el domingo; sin duda la ruta más exigente a la que nos enfrentábamos ya que el primer día iban a ser alrededor de 1.600 metros ascendidos en 35 kilómetros, distancia necesaria para llegar al Refugi de l'Arp, sitio donde pasaríamos la noche.

La mañana era algo fría y el cielo estaba tapado, sin embargo tenía pinta de ser simplemente un amanecer más de esos en zona montañosa en los cuales, a medida que va subiendo el sol, el cielo se va despejando.

Últimos ajustes y preparativos antes de arrancar, incluido el repartir algunas de las barritas, geles y bidones que los amigos de Powerbar nos habían hecho llegar para que no faltase un poco de energía extra a la hora de superar esta ruta.

Iniciábamos la marcha sobre las 9:00 saliendo del pueblo por la carretera LV-4241, de la cual teníamos que recorrer 9 kilómetros y ya desde el primer metro la inclinación del terreno no dejaba de recordarnos que ese día íbamos a subir muchos pero que muchos metros en comparación con lo que estamos acostumbrados. Muchos de vosotros ya sabéis que circular por carretera nos gusta más bien tirando a nada de nada, sin embargo por la hora y zona que era, realmente estaba tranquila y sin circulación de coches salvo 3 o 4 contados.

A los pocos minutos de arrancar ya toca la primera parada, el fresco de la mañana  ya no lo es tanto cuando uno se sube a la bicicleta y debe pedalear con más de 10 kilos de mochila encima y somos varios los que optamos por quitarnos la chaqueta, cambiar a unos guantes menos gruesos etc...

La marcha continúa con algunas quejas de Abel sobre su sillín y lo molesto que le está resultando. Realmente el llevar las mochilas tan cargadas, hace que, por muy buena badana que uno lleve, el sillín resulte más duro de lo normal. Un par de kilómetros después finalmente Abel, preocupado, se para a ver si se puede hacer algo con la posición del sillín y Jose se lo regula algo mejor apurando al máximo el límite de uno de los dos tornillos para dejarlo algo más inclinado hacia delante, solución que, con el paso de los kilómetros, fue la acertada.

Íbamos subiendo progresivamente y acercándonos a las nubes, viendo paulatinamente el espectacular y despejado día que nos esperaba. El frío de la mañana al aparcar los coches ya no era tal y disfrutábamos de una temperatura fresca pero muy agradable para circular en bici. Aun así, teníamos claro que a medida que fuéramos subiendo metros, la cosa cambiaría ya que el mismo sábado íbamos a alcanzar la cota máxima de la ruta: 2.338 metros de altura.

Últimos metros del tramo de carretera cuando nos cruzamos con una impresionante caravana de motos de gran cilindrada que debían estar de ruta por la zona. Se les veía a todos bien cómodos en sus enormes máquinas mientras algunos nos saludaban al vernos pasar cuesta arriba.

El track que iban controlando tanto Jose en el GPS que le había prestado Víctor, como Vincent en su móvil, marcaba el momento de dejar el asfalto pero la sorpresa fue que ese inicio de pista forestal no era de tierra sino de gris cemento, algo que, si bien para rodar iba a nuestro favor, afeaba ese inicio de adentrarnos en montaña tras dejar la carretera.

La pendiente no daba tregua y sin darnos cuenta ya nos habíamos "embolsado" más de 600 metros de desnivel, pero todos los restantes que aun teníamos por delante nos
hacían tomarnos las cosas con calma y un ritmo muy suave, con breves paradas frecuentes, la mayoría para disfrutar de las espectaculares vistas que la ruta nos empezaba a regalar y poder hacer así unas cuantas fotos.

En una de estas paradas un grupo de unos 10 quads y un buggy haciendo de coche escoba se cruzaba en nuestro camino, era ya el segundo grupo que veíamos ya que al dejar la carretera nos cruzamos con otro similar, seguramente de alguna empresa que organiza recorridos por la zona.

Hacía ya varias horas que habíamos dejado atrás (y abajo) el gris y nublado día, y podíamos contemplar desde las alturas  el inmenso manto blanco de nubes.

El cemento por fin cambió a tierra y piedrecillas sueltas, sin embargo la pendiente es algo que seguía lentamente desgastando (a unos más que a otros). Abel, que no tuvo suficiente en la ruta del Carlit con perder los bocadillos y zumos, volvía a repetir método de llevarlos medio colgando de la mochila y, evidentemente, volvió a soltar lastre de manera involuntaria.

En esta ocasión no estaba el perro de Héctor para dejarle sin comida y pudo recuperar íntegro el cargamento.

Ya estaba más que olvidado el bocadillo del desayuno así que decidimos parar unos minutos para catar esas barritas y geles Powerbar que llevábamos encima. Próximamente publicaremos los análisis con nuestras impresiones, tanto de los nuevos geles Hydro que no necesitan tomarse conjuntamente con agua, como de las barritas Energize C2Max.

Tras reanudar la marcha, los 2.000 metros de altura cada vez estaban más cerca y las vistas se volvían cada vez más tremendas mientras continuábamos nuestra ascensión incesante. No sería hasta el kilómetro 18 y tras ascender 1.300 metros, que podríamos tener un respiro y disfrutar bajando un rato.

Llegábamos a las inmediaciones del Club de Golf del Port del Comte donde un inmenso llano nos invitaba a parar y descansar un rato, sin embargo la parada fue más que breve pues el viento ahí era notable y, habiendo superado ya los 2.000 metros de altura, muy muy frío. Un vertiginoso descenso de 3 kilómetros por pista nos dejaba en Prat de Botons, desde donde iniciamos los últimos 5 kilómetros de subidas  del día para remontar de nuevo otros 400 metros de altura, unos tramos realmente duros entre los cuales aprovechamos para parar a comer y descansar
un rato. El esfuerzo realizado hasta el momento, Vincent era quién más lo acusaba y no dudó en poner pie y caminar un rato en algunas de las rampas finales que dejaban a los 4 bikers en el Tossal de Estivella, donde el viento persistía y había que taparse concienzudamente.

Debido a que ya rondaban las 15:00 de la tarde y aun teníamos por delante casi 10 km para llegar al refugio, optábamos por no realizar el pequeño desvío que indicaba el track y así coronar el punto más alto de la ruta, quedándonos en unos 2.280 metros como el punto más alto conseguido. De lo que si hubo tiempo, como no podía ser de otra forma, fue de encontrar a alguien que nos hiciera la foto oficial del fin de semana.



Desde allí arriba, una salvaje bajada por una de las pistas de la estación de esquí de Port del Compte, donde frenar apenas servía de nada debido a la tremenda inclinación y presencia de piedra suelta, nos ponía ya rumbo a los kilómetros finales del día, tal vez los más interesantes y divertidos para recorrer en bicicleta.

 Un enorme prado con un diminuto sendero marcado en el suelo de apenas dos palmos que finalmente acababa desapareciendo comido por la propia vegetación daban una nueva tregua al grupo que ya había tenido suficientes subidas por ese día.

El refugio ya quedaba a poco menos de 3 kilómetros y solo era cuestión de acertar en los desvíos entre varias pistas forestales que nos fuimos encontrando y que transcurrían paralelas las unas a las otras.

Con 2 GPS para 4 personas, el grupo esta vez no falló y en todos los desvíos fueron tomando la pista correcta, a la vez que disfrutaban de los pocos kilómetros de bajada que ese día les había ofrecido.




Tras varias fotos, y un par más de desvíos entre pistas forestales, llegábamos por fin a nuestro destino y respirábamos todos tranquilos sabiendo que pasaríamos la noche bajo techo. El refugio aparecía ante nosotros tras dejar atrás un parking para coches al que se podía acceder por carretera.

Regentado por Josep y María, del Refugi de l'Arp os hablaremos próximamente y con más detalle en una próxima entrada, ahora solo decir que fue todo un lujo poder llegar allí tras el día de ruta y poder ducharnos, cenar y descansar en un sitio tan acogedor y con increíbles vistas que nos permitieron ver un anochecer de postal.

Tras reponer fuerzas con una buena cena, momento de irse a dormir para estar a punto para el día siguiente, más de 40 kilómetros y 1.000 metros de desnivel positivo nos esperaban el domingo para terminar de poner a prueba nuestra capacidad y aguante.


Continuará...

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