Visitando les Gavarres - Rutas del BBT

No todos los días nos escriben en un foro proponiéndonos una ruta guiada fuera de nuestra zona habitual así que, cuando Abraham contactó con nosotros a través de BikeZona para realizar una ruta por Les Gavarres, no nos lo pensamos ni un minuto y 6 habituales del BBT nos desplazábamos hasta Girona para catar las trialeras que nuestro guía había seleccionado para la ocasión.

8:30 de la mañana, Abel y Vincent llegan al punto de encuentro donde ya se encuentra Jordi vestido para la acción. El sol apenas ha salido y el termómetro está por debajo de los 10ºC, pero tenemos claro que en cuanto el sol suba un poco más, la temperatura va a ascender unos cuantos grados.

Víctor da señales de vida con un mensaje diciendo que también ha llegado y Jordi va en su búsqueda en bici ya que no acabamos de verlo, está en el otro extremo del aparcamiento.

Finalmente llegan Nacho y Jose a la vez que hace acto de presencia Abraham, a quién no conocíamos hasta entonces. Tenemos guía, el tiempo es inmejorable y todo indica que vamos a tener una gloriosa sesión de trialeras por los alrededores de Girona, ¡es hora de conocer Les Gavarres!


Antes de ponernos en marcha, Abraham hace una pequeña escapada a cambiarse la chaqueta mientras Nacho y Jose terminan de prepararse, el sol en apenas media hora ya ha empezado a dejar las cosas claras y desde luego no es día de chaquetas ni camisetas térmicas.

Pasan algunos minutos de las 9:00 y los 7 bikers arrancan la marcha para cruzar parte de la ciudad rumbo al Este pasando por delante de la Catedral de Girona, donde muy amablemente una pareja nos hace una foto en la que todo es suelo y salimos nosotros arriba del encuadre así que, tras arreglar el desastre a base de recortes, os tenéis que conformar con vernos solo a nosotros.

Tras unas cuantas calles ya con sus buenas pendientes, empezamos a ver verde y monte y poco a poco nos vamos acercando a la pista que va a ratos paralela a la Riera de San Miguel, el objetivo es llegar a alcanzar el Castillo de San Miguel, pero para eso, aun queda un buen rato.

Es el momento del primero de los "divertimentos" del día, una bajada no muy técnica pero si con un desnivel interesante y algunos peraltes de madera ya viejos y algo rotos en los cuales es mejor no apoyarse. Abraham nos avisa que es un tramo muy corto y finalmente nadie opta por ponerse las protecciones.

Aun así, hay que andarse con ojo, el terreno está tremendamente seco y las frenadas deben realizarse con precisión cirujana si uno no quiere clavar rueda y hacer un recto en el lugar más inoportuno.

Superado ese tramo, seguimos todos la marcha por pista, no han trascurrido ni 10 minutos cuando en un tramo de subida Víctor se queda el último comentando que tiene un problema con la rueda trasera. Nos reagrupamos todos y asistimos incrédulos a la avería más extraña que hemos tenido nunca desde que el BBT sale de ruta. El cassette de la Santa Cruz Butcher está completamente clavado y no tenemos forma alguna de desmontarlo ni tampoco tenemos claro el poder arreglarlo en caso de haber tenido las herramientas necesarias.

Es entonces, cuando Víctor ya se veía regresando al coche andando y dando por finalizado el día, que Abraham comenta que en casa de sus padres, atravesando media Girona, tiene una rueda con el mismo tamaño de eje, mismo tamaño de disco y cassette de 9 velocidades en lugar de las 10 que lleva Víctor.

Música celestial para los oídos de Víctor que ve una más que posible solución de emergencia para poder continuar con la salida. Así pues, Abraham, cargado con la rueda trasera y escoltado por Jose y Nacho, deshacen el camino recorrido en busca de la rueda de recambio mientras el resto se quedan esperando y dándole algún que otro mordisco a barritas y bocadillos.

Poco más de media hora y el equipo de asistencia en montaña ya está de regreso con la nueva rueda, desde luego ¡todo un detallazo Abraham!

Si bien, como todos esperábamos, el cassette de 9 velocidades no se acababa de llevar del todo bien con el cambio y cadena de 10, si que funcionaba lo suficiente como para que Víctor pudiera continuar la marcha y, tras unas pequeñas pruebas, el grupo reanudaba la marcha.

Pista seca y polvorienta es lo que nos esperaba por delante durante unos pocos kilómetros, cruzando por debajo la N-II y siguiendo nuestro objetivo de llegar al castillo. Para ello, unas cuantas rampas bien majas debían ser superadas y dividían al grupo en dos. Abel, Jordi y Vincent se quedaban en la retaguardia realizando incluso algún tramo a pie; hay que darle más caña a esos entrenos en secreto...

Y cuando el calor y la subida se hacían ya algo más agobiantes de lo soportable para el grupo de cola, finalmente el Castillo de San Miguel aparecía ante nosotros, foso incluido.

Parada obligatoria para descansar un rato, disfrutar de las vistas que ofrecía el soleado día, comer y beber algo y empezar a ponerse las protecciones; del mismo castillo salía una de las trialeras que teníamos que realizar para continuar con la ruta.


Corta pero intensa, empezábamos a ver el estilo de trialeras que tiene la zona: muchos metros de desnivel en pocos metros avanzados o, lo que es lo mismo, culo bien atrás si uno no quiere salir por encima del manillar.

Realizábamos un nuevo tramo, muy breve, de pista para coger una nueva trialera. Seguramente la que más recordaremos la mayoría y es que ese tramo de tierra suelta completamente seca y una pendiente criminal, con un árbol en medio y 2 curvas a enlazar, donde aún frenando uno veía como la bicicleta seguía ganando velocidad entre la resbaladiza tierra seca, hizo por momento a más de uno pensar que se avecinaba la gran torta.

Por fortuna todos lo sorteamos lo más dignamente que pudimos, aunque Abel renegaba de su freno delantero y no se acababa de sentir a gusto con el funcionamiento del mismo, todo indicaba que tenía las pastillas algo contaminadas.

Enlazamos unas cuantas bajadas más, ya por un sendero más abierto y pedregoso, que nos llevaba a la zona más verde y húmeda de la ruta con diferencia, por desgracia esa zona duró un suspiro y, al tener de nuevo que empezar a subir, volvimos al terreno seco y a ver como se levantaba polvo y más polvo con el simple hecho de rodar en línea recta.

De nuevo unas pendientes más que considerables pusieron a prueba las piernas de los 7 bikers, quienes ya estaban deseando parar y comerse el bocata reglamentario.
Un estupendo merendero con 2 mesas y 4 bancos nos esperaba al final de la subida, muy cerca de la Riera de las Minas. Allí todos repusimos fuerzas y comentamos lo recorrido hasta el momento.

Teníamos por delante la segunda gran bajada del día y tras algunos problemillas que le estaba dando la rueda de emergencia a Víctor, finalmente continuábamos la marcha por un divertido y estrecho sendero que se iba alternando con algún tramo rocoso.

Nos encontramos varios senderistas que nos cedieron el paso amablemente y cuando empezábamos a disfrutar de la bajada, esta ya se había acabado, había sido un tramo bastante rápido con el que había que vigilar no solo los obstáculos del propio suelo sino la vegetación de los laterales.

Pusimos entonces rumbo a realizar un pequeño tramo que Abraham nos había comentado que era realmente entretenido y del cual habíamos visto su final en nuestra ascensión hacia el castillo, la cosa prometía. Aprovechamos para sacar a relucir nuestra vena "Spielbergiana" y decidimos grabarnos un poco en ese tramo utilizando parte del material recientemente enviado por nuestro patrocinador JOBY. 

Como anillo al dedo nos vinieron los trípodes articulados para poder colocar un par de GoPros en diferentes puntos del trazado y grabarnos "haciendo el indio" sobre las bicis. Unas curvas rápidas entre los árboles, unos cuantos escalones, algunas pequeñas rampas y una zona final de roca hicieron las delicias de todos, tal fue así que optamos por volver a subir para repetir el tramo del tirón, esta vez sin tener que parar a colocar cámaras. 

Fue en esta última subida que Nacho, quién había tenido que hacer un invento de emergencia en su bici para poder acudir a la ruta y había montado la cadena de su bici de carretera en la mountain bike, rompía la cadena al intentar cazar a Jose y el grupo se detenía 5 minutos mientras Nacho lo arreglaba.

Tras eso, ya todo fue bajar y bajar, empalmando 3 o 4 atajos que acortaban la pista de tierra, con algún pequeño paso rocoso bastante técnico y ya acercándonos irremediablemente a Girona de nuevo, con la sensación en muchos de nosotros de querer seguir haciendo más y más trialeras. Desde luego la zona, quién se la conoce, puede sacarle muchísimos tramos bien divertidos.

Antes de poner fin al día, una paradita en una plaza de Girona para dar buena cuenta de unas cervezas y Coca-Colas ante las numerosas miradas de reojo de medía plaza al vernos ataviados con tanta protección y casco. Una jornada estupenda con duras subidas y trialeras muy variadas que nos deja a todos con ganas de seguir descubriendo esa zona endurera que es Les Gavarres.

¡Gracias por la ruta (y la rueda) Abraham!

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