Enduro nocturno por Collserola - Rutas del BBT

Lo divertido de las rutas nocturnas es que, aunque uno pase por sus senderos favoritos habituales, la oscuridad rota por los focos y linternas hace que cada vez de la sensación de estar pasando por un sitio nuevo. Sí a eso le sumamos una ración extra de rocas y raíces en comparación a las últimas nocturnas que habíamos realizado, nos encontramos con la estupenda salida que realizamos este pasado sábado.

Se acerca la hora de inicio y Vincent va al encuentro de Marc, que ha aparcado donde habitualmente lo hace cuando salimos por Collserola. A medida que se acerca a él, observa que no tiene muy buena cara y es cuando le da la noticia... "¡me he dejado el calzado para los automáticos!". Con un buen mosqueo, Marc da ya por perdida la nocturna y es ahí cuando entra Vincent en acción, haciéndole ver que entre que vamos todos al punto de encuentro y empezamos a subir rumbo Vista Rica, tiene tiempo de volver a casa e ir directo hasta allí arriba en coche y perderse apenas un 5% de la ruta.

Carlos aparece en ese instante y le hace también ver que no hay problema en esperarle un rato entre que va y viene por lo que, finalmente, Marc carga de nuevo todo en el coche y pone rumbo a su casa a por el calzado.

Iniciamos la subida hasta el primer punto de encuentro donde ya nos espera Víctor y confirmamos que hay dos bajas en la ruta. Pablo, quién debía realizar su primera ruta con nosotros y finalmente no daba señales de vida y Héctor, a quién el montaje de una bicicleta para un colega se le alargaba más de la cuenta y finalmente no podía apuntarse a la fiesta con nosotros.

Así pues, Carlos, Víctor y Vincent ponían rumbo al 2º punto de encuentro, donde estaría Nacho esperando y acudiría también Marc, zapatillas incluidas. Últimos metros de la ascensión de la pista de los viveros de Can Borni y allí estaba Nacho esperando en compañía de Marc, que había podido ir y volver en un tiempo record, llegando mucho antes de lo que nos imaginábamos, por lo que la jugada después de todo, había salido redonda.

Aquí se daba realmente el pistoletazo de salida a la nocturna, con los 5 bikers que finalmente tomaban parte en esta ruta. Luces preparadas, ropa de abrigo para el frío de la noche, protecciones en las mochilas y directos a través de poco más de 1 km de carretera a la primera gran diversión de la noche: el Acueducto.

Se trata de un sendero de más de 3,5 kilómetros de pura diversión, con algunos puntos muy concretos de nivel técnico medio/alto pero que en general se puede realizar sin ningún tipo de problemas y que se disfruta más y más cuanto más te conoces el trazado. Pequeña parada para acabar de ponernos y ajustarnos las protecciones a la vez que una persona que andaba por allí paseando a sus perros nos advertía de la presencia de jabalíes más adelante, algo bastante común en Collserola de noche, por lo que no le dimos mayor importancia.

Primeros metros y todos deseando ya "entrar en materia", la cantidad de lúmenes en movimiento nos hace pensar si realmente podemos llamarlo a esto una ruta nocturna mientras nos vamos riendo y comentando lo que nos espera. Marc estrena su nuevo foco recién llegado de China mientras que Vincent monta en el casco el foco MagicShine MJ-872 y en el manillar la linterna Fenix PD35 que nos hizo llegar en su día nuestro patrocinador Fenix Flashlights; no os perdáis próximamente los análisis de estos dos modelos, os podemos adelantar que se notaba considerablemente cuando Vincent tenía encendidas o apagadas sus luces.

El primer tramo del Acueducto es superado y al reagruparnos estamos todos eufóricos, el terreno está perfecto pese a la ligera lluvia caída las horas antes, el frío ya no es tan acusado como cuando estábamos en el lado que da al mar de la montaña por lo que hasta el momento todo marcha sobre ruedas.

Continuamos la ruta con Nacho y Víctor al frente dándolo todo y Vincent, Carlos y Marc como segundo grupo. El que se podría considerar el punto más técnico de todo ese sendero es superado por todos con la excepción de Marc, quién debe poner un par de pies para acabar de superarlo, algo que no está nada mal si tenemos en cuenta que es su segunda vez que pasa por ahí; las potentes luces de todos, las protecciones y lo bien que está el terreno están permitiendo bajar a todos prácticamente como si fuera de día.

Entonces llegamos a un punto donde acabamos haciendo la que se puede considerar la foto de la ruta y no, esta vez no salimos nosotros, ni las bicis, ni ningún paisaje nocturno... Gracias a la vista de lince de Marc (y a un milagro puesto que por ahí ya habíamos pasado 3 de los 5 bikers), este se dio cuenta de que una salamandra estaba la mar de pancha disfrutando de la noche en medio del estrecho sendero por el que circulábamos. No quisimos dejar pasar la oportunidad y nos llevamos una estupenda instantánea de recuerdo con nosotros.

Continuamos la marcha, ya habíamos dejado atrás el divertidísimo Acueducto y era momento de poner rumbo al merendero de Can Coll, un poco de pista, una pequeña trialera de subida empujando la bici para verificar si llevaba a donde creíamos que debía llevar y al comprobar que estábamos donde queríamos, una nueva (y corta) bajada con tierra suelta y raíces nos acercaba más a Can Coll.

Momentánea parada ya que Víctor se había dejado las gafas en el casco al bajar y se le habían caído, por fortuna ocurrió al final del tramo y en menos de 2 minutos las encontraba. Quedaba ya solo el rapidísimo sendero de los escalones antes de llegar a la construcción de ladrillo abandonada que hay justo al otro lado de la carretera donde se encuentra Can Coll.

Sin parada de rigor como habitualmente solemos hacer allí (tal vez porque de noche, eso tiene peor pinta que un capítulo de Walking Dead) nos pusimos rumbo al sendero que nos conduciría hasta la pista de Can Cata, un sendero con 4 piedras y raíces y una zona donde con el paso del tiempo se han ido haciendo unos pequeños peraltes naturales que, una vez te los conoces, pasar por allí a toda velocidad es una delicia. En ese momento, de noche y sin nadie con quién poder encontrarte de frente, era el momento de darlo todo y, sin darnos cuenta, en un momento nos habíamos fulminado otro de los tramos divertidos de la noche.

Quedaba por delante ya el regreso hacia Barcelona, unos cuantos kilómetros de pistas con pendiente moderada que nos devolverían de nuevo al lado de la montaña con vistas a Barcelona, no sin antes realizar un clásico cuando se pasa por allí: "Port Aventura", un tramo que no tendrá más de 200 metros que empieza saliendo de la pista principal y adentrándose en la maleza para encontrarte con una pequeña rampa que baja en picado y que últimamente está algo más rota y bacheada que antaño, para luego encadenar una serie de peraltes naturales por los que se puede ir realmente rápido; un tramo que hace las delicias de todos siempre que pasamos.

Era el momento de una pequeña parada y es que Marc lo había vuelto a hacer, una generosa bolsa de pastitas de chocolate y crema traídas de su pastelería eran el mejor avituallamiento que podríamos tener y en menos de 5 minutos no quedaban ni las migas.

Ya con el estómago lleno, una nueva parada del grupo un poco más adelante al tener nuestro biker pastelero un pinchazo en su rueda delantera.

Después de todo, era de lo poco que nos estaba sucediendo esa noche, por lo que incluso vino bien para poder escribir algún párrafo extra en esta crónica (es broma Marc, ¡a ver si dejas de pinchar en ruta!).

La ascensión continuó y nos plantábamos casi sin darnos cuenta al lado de Casa Juaco, un pequeño restaurante en medio de la montaña que suele ser parada habitual de muchos ciclistas durante el día. Allí nos cruzábamos con un grupo de 5 o 6 jabalíes a quienes no pareció importarles mucho nuestra presencia.

Seguimos rumbo a Vista Rica por pista para acabar llegando donde Marc había dejado el coche aparcado, allí nos despedimos de él y los otros 4 continuamos por carretera rumbo al Tibidabo, donde en las inmediaciones de un cruce, Nacho continuaba por carretera y ya nos despedíamos de él y Carlos, Víctor y Vincent aún darían buena cuenta de 2 trialeras más, la Secreta y una a la que aun tenemos pendiente bautizar, ambas divertidísimas pese a que en la segunda Carlos y Vincent estuvieron a punto de llevarse por delante un palet de madera que álguien había dejado allí en medio, seguramente con la intención de construir una rampa o vete a saber qué.

Estábamos de nuevo en el Pla dels Maduixers, bajamos ya hacia la civilización donde Carlos tenía su coche aparcado y nos despedimos los 3 hasta el fin de semana siguiente, donde nos espera un auténtico festival endurero realizando el recorrido del Superenduro de Arfa.

No te pierdas la próxima nocturna con nuestros amigos del Mataró Domingueros Biker Team, ¡va a ser tremenda!

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