Un amanecer desde el Turó de l'Home - Rutas del BBT

Ha sido una ruta totalmente atípica y es que nunca habíamos empezado a pedalear a las 4:30 de la madrugada. El objetivo: arrancar desde Arbúcies (291m.) para coronar el Turó de l'Home (1.712m.), haciéndolo coincidir con la salida del sol. Una ruta que ya hemos hecho en varias ocasiones y que, como veis, no nos cansamos de repetir de tanto en tanto.

1ºC marcaba el termómetro al llegar sobre las 4:10 de la madrugada al punto de inicio de la ruta, el parking del polideportivo del pueblo que por 4ª vez era testigo de una ruta del BCN Biker Team en esa zona y ya os podemos adelantar que, ni mucho menos, será la última.

Allí ya había llegado hacía algunos minutos Manu, era su primera ruta con nosotros y se apuntaba a la fiesta a través de Forocoches (¡un saludo a todos los shurmanos de la Plataforma MTB!). A los 10 minutos aparecía Nacho mientras Manu y Vincent ya estaban preparando la bici y revisando el equipo; ya solo faltaban Carlos e Isaac, quienes no acababan de afinar con el horario y llegaban pasados unos minutos de la hora de inicio de la ruta.

Ya estábamos los 5 bikers que finalmente se animaban con esta peculiar aventura y, tras dejar preparadas bicicletas, ropa de abrigo, focos y mochilas, pasados unos minutos de las 5:00 de la mañana arrancábamos la marcha cogiendo la pista forestal que comienza justo en frente de donde habíamos aparcado los coches.

Por delante unos 20 km. de subida muy moderada y llevadera por pista a excepción del tramo final pasado el Convent, donde hay varias opciones para llegar finalmente a coronar el Turó.

Noche fría pero no tanto como nos la imaginábamos para ser un 5 de enero; el terreno estaba muy húmedo, sin duda fruto de ese pronóstico de lluvias en las horas anteriores que habíamos visto al consultar el parte meteorológico. Todos teníamos en mente el ver si el clima iría cambiando a medida que
ganásemos altura ya que teníamos por delante más de un kilómetro de ascensión vertical hasta llegar a la cumbre.

Carlos, Manu e Isaac toman la delantera mientras Nacho y Vincent se quedan cerrando filas mientras comentan la ruta del pasado día 1 y el tremendo vídeo editado con tomas aéreas incluidas.

Los kilómetros van pasando uno tras otro y la magia del Parque Natural del Montseny va haciendo de las suyas regalándonos estampas como la de los mantos de hojas de casi 2 palmos de altura que había acumulados en algunos tramos de la pista. A los lados del camino empezamos a ver una fina capa blanca que enseguida asociamos a la escarcha mientras Manu y Vincent comentan lo genial y divertido que debía ser una ruta sobre nieve.

Los 5 nos reagrupamos en una pequeña parada en la que damos 4 mordiscos a barritas varias y un delicioso pan de higo que ha traído Isaac, apenas la alargamos y volvemos a estar subidos a la bicicleta en un intento de pretender llegar a tiempo a la cumbre antes de que amanezca pese al retraso sufrido en la hora de inicio, algo que Vincent, el único que había hecho la ruta previamente, ya sabía que no sería posible.

Pasan unos minutos de las 7 y mientras continuamos ascendiendo, en el horizonte ya se distingue una pequeña claridad, el amanecer ya está en marcha y unos minutos después nos permite llevarnos una de las grandes sorpresas de la ruta: esa "escarcha" vista ya kilómetros más abajo era en realidad una pequeña nevada caída horas atrás sobre esas cotas, y con los primeros claros del amanecer veíamos que no sólo estaba a los lados de la pista sino que cubría toda la montaña.

A todo el grupo le hizo gracia el tema de la nieve, afortunadamente hablamos de una ligerísima nevada ya que de habernos encontrado con medio metro la cosa habría sido muy diferente.

Estábamos ya en el Convent, dónde hubo sesión de fotos para ir inmortalizando el día mientras Manu y Vincent empezaban a tener claro que la ruta sobre nieve que deseaban un rato antes, les había sido concedida.

Tras optar por no realizar la ascensión final cogiendo el tramo de carretera sino por la senda que pasa cercana al Pico de Les Agudes, Vincent les advierte a todos que habrá un tramo que implicará cargar con la bicicleta.

 Aun así, todos quieren continuar por montaña y seguir disfrutando de los paisajes que los primeros rayos de sol nos están permitiendo ver, algunos de ellos realmente de poster para enmarcar.

El amanecer está en pleno apogeo y nosotros aún tenemos como una hora antes de llegar a la cima, el avance es lento debido a la combinación de piedras ocultas bajo el manto de hojas y nieve que nos obliga la mayor parte del tiempo a ir bajados de la bicicleta.

Sin embargo estamos todos encantados y las fotos con cámaras y móviles van cayendo una tras otra ya que momentos y paisajes así no se ven todos los días.

El anaranjado amanecer nos muestra un día con alguna que otra nube pero despejado en general, sin brumas ni niebla como sí encontramos en rutas anteriores. Los tramos en los que el terreno está más compacto invitan a subirse a la bici y dar alguna pedalada, el disfrute es máximo y, curiosamente, sigue sin hacer el frío que esperábamos.

Entre fotos, alguna otra barrita o simplemente contemplar los paisajes, el grupo aún realiza varias pequeñas paradas, incluida una de Vincent para desmontar su guardabarros delantero al estar sucediéndole algo bastante curioso: es el único al que se le está quedando pegada la nieve a su cubierta delantera en mucha mayor cantidad que al resto, arrastrando hojas e incluso piedras.

¿Culpa del compuesto blando de Maxxis Super Tacky?, quién sabe, pero rápidamente el resto apodó a Vincent como el quitanieves.


Llegábamos a la fuente dónde comienzan los últimos cientos de metros antes de llegar al Turó de l'Home, sin duda los más duros desde que iniciamos este tramo en el Convent y que obligan a bajarte de la bicicleta sí o sí, Vincent les indica a todos por dónde deben continuar y es entonces cuando la cara de Carlos pasa a ser por unos instantes todo un poema. Sin embargo les comenta también que el tramo es corto y que ya apenas queda nada para llegar al objetivo.


La mayoría optaron por echarse la bici al hombro y empezar a trepar por las nevadas rocas y raíces, vigilando no resbalar, desde donde estamos ya se veía claramente y muy cerca la cima, lo que nos hace seguir la marcha y apenas preocuparnos de lo complicado que resulta avanzar en algún punto.

En los metros finales y ya sin vegetación de por medio las vistas son realmente espectaculares. Vamos llegando todos al final de la senda que deja a los pies del pequeño

montículo que supone alcanzar realmente el Turó de l´Home. Allí arriba ya no contamos con la protección de la ladera por la que subíamos y nos encontramos con un viento frío con el que amortizar pañuelos de cuello y pasamontañas.

Tras un parón de unos minutos y para no enfriarnos más, lanzamos el ataque final hasta la cumbre; Carlos e Isaac lo hacen por la pista larga que sube rodeando el montículo mientras que Manu, Nacho y Vincent cogen el camino más corto y pronunciado por el que acaban pedaleando menos de lo que esperaban.

La cumbre queda conquistada y los 5 hemos conseguido llegar arriba, sin embargo, ahí empezaba otra de las "anécdotas" del día. Allí arriba nos encontrábamos con una pareja de excursionistas de los cuales la chica estaba con los primeros síntomas de hipotermia: temblores, rostro pálido, dificultad a la hora de mover las extremidades... Habían tenido que pasar la noche en los alrededores al no llegar al albergue al que pretendían llegar el día anterior y durante la noche ella no llevó nada bien las bajas temperaturas.

Otro par de personas que estaban ahí llevaban rato intentando buscar ramas secas para encender un fuego sin embargo al ver el estado de la chica en esos momentos, le hicimos ver que lo mejor sería llamar a emergencias cuanto antes mejor.

Mientras tanto, sacamos una manta térmica que Vincent llevaba en su mochila y entre todos nos pusimos a intentar darle calor frotando extremidades y moviendo por ella dedos y articulaciones. Estaba consciente pero temblando mucho y si se intentaba incorporar se mareaba.

Con el 112 ya alertado y los bomberos de camino, los otros 2 excursionistas conseguían encender finalmente fuego en una especie de mini barbacoa que había en una de las paredes exteriores de las instalaciones cerradas que hay en la cima. Trasladamos allí a la chica quién poco a poco y gracias a los cuidados de todos iba ganando sensibilidad y algo de color a la vez que iban cesando los temblores. Una de las claves fue no perder nunca el sentido del humor para así conseguir mantener animada a la chica y que no hacerle aún peores esos momentos.

Más de una hora nos llevó todo aquello pero al final todos respiramos aliviados cuando Alba, así se llamaba la moza, pudo incorporarse por si misma y ya con mucho mejor color se sentaba al sol mientras esperaba que las asistencias llegasen, algo que al rato divisamos desde la cumbre. Era momento de ponerse de nuevo en marcha.

El fuego sirvió para calentar también pies y guantes, ya que se había encendido, no íbamos a hacerle un feo...



Todos listos y el descenso empezaba, teníamos por delante kilómetros y kilómetros bajando sin parar, sin duda uno de los grandes atractivos de realizar esta ruta.

Nos cruzamos con los bomberos y continuamos la marcha, finalmente optábamos por bajar un primer tramo por otra variante en vez de hacerlo por la trialera que habíamos hecho de subida a pie ya que era mucho más técnica y la nieve ocultaba rocas y raíces, siendo algo arriesgado y teniendo así excusa para regresar en verano.

En su lugar, una rápida e inclinada pista zigzagueante nos devolvería de nuevo al Convent. A esas horas ya empezaba a haber excursionistas, algunos nos miraban con cara de asombro al vernos a esas horas bajar de la cumbre en lugar de estar como ellos, subiendo.

Lo bueno no había hecho más que empezar y, sorprendentemente, la nieve no disminuía tanto el agarre como nos pensábamos; con todo y con eso, todos íbamos alerta para no acabar dándole un besito al suelo.

Dejábamos atrás la nieve y nos adentrábamos en un tramo del recorrido nuevo que debía conectar el Convent con Coll de Te, algo que en rutas anteriores no habíamos hecho. Tras pensar por un momento que ese tramo nos llevaba de lleno a un "callejón" sin salida, descubríamos finalmente el paso correcto, algo cerrado por la vegetación pero que, tras superarlo, daba el pistoletazo de salida a un buen repertorio de "single tracks" que son una auténtica delicia.

Algunos más técnicos, otros más rápidos, más o menos inclinados, había para todos los

gustos y, en esta ocasión, todos con un punto considerable de humedad que añadía emoción y habilidad al asunto.

Las caras de felicidad crecían y crecían cuando Vincent les iba comentando que aún quedaban más y más tramos por hacer y es que la larga subida hasta la cima, tiene una recompensa a la altura.

Algún susto sin importancia durante la bajada, todos se defendieron muy decentemente a pesar de que algún punto concreto obligó a poner el pie en el suelo a todos y, como todo lo bueno llega a su fin, Arbucies se empezaba a ver ya a través del bosque, mientras rematábamos las ultimas trialeras que nos aproximaban al parking.

Manu pinchaba a 300 metros del coche y optaba ya por no parar hasta llegar, mientras que Isaac se percataba al ir a guardar la bici en el maletero, de que le había pegado un golpe considerable a uno de los discos de freno que difícilmente podría arreglarse enderezándolo.

Pequeñas heridas de guerra que, sin embargo, no empañaban lo que había sido una colosal ruta en la que todos, sin excepción, habíamos disfrutado como enanos.



Turó de l'Home, una vez más, ha sido un placer...


2 comentarios :

ManuGD dijo...

Genial crónica y mejor ruta!!

BCN Biker Team dijo...

¡Realmente lo pasamos bien eh Manu!

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