Vuelta a la Serra de Llancers - Rutas del BBT

No teníamos el mes de marzo suficientemente lleno de planes y rutas, que se nos ocurrió añadir otra salida más fuera de nuestra querida Collserola. Había ganas de probar cosas nuevas, acudir a zonas donde aún no habíamos estado en bicicleta y aventurarnos a probar un nuevo track bajado de Wikiloc con todos los posibles riesgos que eso conlleva.

Así fue como acabó en nuestras manos el track de la Vuelta a la Serra de Llancers, ¿el resto? te lo contamos a continuación...

Minutos antes de la hora de reunión y ya hay movimiento en el punto de encuentro en el Hostalets d'en Bas. Los bikers apuntados a la salida van llegando y se encuentran con Melanie, una biker venida desde Alemania que está pasando un mes de vacaciones por nuestro país y que se ha apuntado a rodar con nosotros; están Jordi, Vito, Víctor y Albert.

A falta de 15 minutos para el inicio fijado de la ruta llega Vincent seguido por el todoterreno de Héctor y acompañado de Jose. Rubén, Ricardo y Noel, quienes estaban realmente en el punto de reunión correcto, nos ven a lo lejos y se desplazan hasta el parking en el que todos han aparcado. Los 11 bikers ya están reunidos, presentados y ultimando detalles.

Pasan unos 15 minutos de las 9:30 y arrancamos la marcha con un ambiente fresco debido a la hora que es pero con un cielo muy despejado, tan solo una ligera bruma no acaba de dejar del todo un horizonte 100% claro.

Melanie demostró desde el primer momento ser una biker de armas tomar, equipada con su Alutech Fanes y GPS en el manillar, se ha descargado también el track de la ruta y se pone en cabeza a guiar al grupo.

Tras un primer kilómetro de llaneo entramos de golpe en materia y empezamos a subir un tramo de unos 4 kilómetros con pendientes de hasta el 20%, un duro tramo donde cada cual tuvo que tomárselo a su ritmo y que nos llevó a pasar de una altura de 500 metros hasta los 950 metros.

No habíamos hecho más que empezar la salida y ya podíamos disfrutar de las primeras vistas espectaculares del día.


Y es que, vistas a parte, después de superar ese tramo más de uno necesitaba unos minutos de descanso para recuperar el aliento y de paso aprovechar y darle un mordisco a fruta y/o barritas.

Reanudamos la marcha cruzando Falgars d'en Bas y a mitad de un corto tramo de bajada nuevas vistas hacen que parte del grupo se pare unos instantes, tras la foto de rigor nos alcanzan Rubén y Ricardo que estaban en la retaguardia cerrando filas y, pasados unos minutos, ya estamos todos de nuevo reagrupados al encontrarnos con el grupo de cabeza.

Nueva subida por delante que nos aproxima a las inmediaciones de Collsacabra, esta con menos desnivel pero algo más rota.

Los claros y sombras debidos a la orografía del terreno empiezan a mostrar grandes contrastes y nos empezamos a encontrar de golpe pequeños tramos encharcados, llenos de barro, los cuales provocan unos cuantos patinazos de cubiertas, barro salpicando a diestro y siniestro y, sobre todo, muchas risas.

Nos estábamos acercando al primer punto interesante del recorrido, la Serra de Cabrera, una elevación de más de 1.300 metros que supone un "balcón" natural en medio de la zona desde el que se puede contemplar
todo lo que nos rodea. Para ello tocaba realizar un tramo de ida y vuelta por el mismo recorrido del cual nos habían comentado que la subida se hace empujando la bici pero al bajar podía hacerse si uno tiene técnica sobre la bicicleta.

Sin embargo, antes tocaba atravesar unos prados que rodean Collsacabra, dónde elegir bien la trazada y no acabar metido en alguna de las roderas embarradas fue clave y marcó la diferencia entre los que se pringaron mucho y los que se pringaron demasiado.
Encontramos una masía aparentemente abandonada, o al menos, hecha polvo lo estaba, y realizamos allí una nueva parada para comer y descansar unos minutos.

Al reanudar la marcha empezamos a subir ese tramo de ida y vuelta que nos permitiría coronar la Serra de Cabrera. Nuevamente pista de subida con un sol bien majo que ya llevaba rato haciendo que prácticamente todos fuesen haciendo pequeñas paradas para quitarse algo de ropa y continuar la marcha.

No acabábamos de entender lo del tramo técnico de bajada si lo que estábamos subiendo era pista pura y dura hasta que, tras una curva, se nos resolvieron (casi) todas las dudas.


Una pequeña escalinata creada en pura roca era lo siguiente que nos esperaba para poder coronar la cima. Ricardo, que no estaba para experimentos, decidió esperarnos en ese punto, disfrutando de algo de comer y descansando mientras veía como el resto se echaban la bici al hombro y empezaban a subir lentamente por los escalones modelados en la roca.

Al poco rato de empezar a subir Jose abandona y regresa con Ricardo, realmente todo este tramo es casi impensable el poder bajarlo posteriormente en bicicleta sin correr un riesgo extremo por lo que ya solo quedaban 9 bikers subiendo. Tras unos cuantos esfuerzos y equilibrios, finalmente estamos los 9 arriba. El grupo se ha quedado al lado de un monasterio que hay allí arriba edificado, pero es al llegar Vincent finalmente arriba que comenta que para las vistas desde los acantilados se debe avanzar un poco más. Descubrimos que bordeando el edificio el camino sigue y el espectáculo continúa...

Momento de regresar, sin embargo unos excursionistas que también están por ahí nos explican que justo detrás del monasterio hay un camino para bajar mucho más asequible que la locura de escaleras que hemos cogido para subir. La sonrisa se esboza en la cara de la mayoría, es el momento de ponerse las protecciones y ver que nos depara ese tramo.

Unos primeros metros de nieve al estar permanentemente a la sombra, humedad, rocas y escalones es lo predominante en el divertido sendero que nos lleva de nuevo a encontrarnos con Jose y Ricardo, que están prácticamente haciendo la siesta y disfrutando del sol.

Toca continuar, apenas llevamos 13 kilómetros de ruta y los siguientes 9 kilómetros se van directos a la basura al desperdiciar 300 metros de desnivel negativo bajando por pista. Aun así, somos una precisa y engrasada
maquinaria de generar anécdotas y Vito, quién por fin volvía de ruta con nosotros después de mucho tiempo sin verle debido a entrenamientos para competición y alguna que otra lesión, pinchaba la rueda trasera de su Orbea que está a punto de jubilar al haber caído en la tentación de las 29".

Parada de rigor para realizar la reparación y aprovechando para descansar y comer algo. Al rato, de nuevo estamos en marcha con pista y más pista por delante.

El sol sigue haciendo de las suyas y hay quién ya va corto de agua, estamos sudando más de lo que se podría esperar en estas fechas y el no acabar de acertar con qué ropa llevar tampoco ayuda.

Pasamos al lado de una casa con un grifo a pie de pista dónde nos avisan de que el agua es de rio y que no todo el mundo la tolera bien, a pesar de ello, Héctor se lanza a rellenar su depósito y así no pasar sed al final de ruta.

Continuamos a través de varios riachuelos que añadieron algo de "gracia" al desesperante hecho de estar chupando más pista que un F1 y de nuevo tocaba subir, teníamos aún por delante varios tramos en los que tarde o temprano casi todos acabamos bajados de la bicicleta y empujando como descosidos, esto no había hecho más que empezar.

Mientras que algunos estábamos ya medio para el arrastre, Melanie seguía a la cabeza más fresca que una lechuga, y eso que el día anterior había realizado ella sola la Trona del Rei, una de las rutas endureras míticas que le aconsejamos días atrás realizar si lo que buscaba era diversión de la buena. Reagrupándonos cada ciertos tramos, seguíamos subiendo y subiendo, pasando por todo tipo de paisajes, terreno y vegetación, incluida una visita a La Comarca, dónde no vimos a Gandalf y Frodo de milagro...


El festival de rampas continuaba para desespero y cansancio de algunos, había ganas de parar a comer algo más que una barrita pero nuestro pausado ritmo de avance nos obligaba a continuar un poco más antes de parar de nuevo puesto que la tarde avanzaba y aún teníamos más de 10 kilómetros por delante. En una de esas subidas Vito añadía algo más de presión a su rueda trasera en lo que algunos pensaron por un momento que había sido un nuevo pinchazo. Quién sí pinchaba más adelante era Noel, que tuvo que parar acompañado por
Víctor, Ricardo y Rubén mientras Vincent y Jordi avisaban al grupo de cabeza, al que encontraban más adelante parado comiendo al sol. Una vez todos reagrupados, terminamos todos de comer y al ir a reanudar la marcha, la rueda trasera de Vincent también había sufrido un pinchazo, por lo que se tuvo que prolongar más de lo deseado la parada.

De nuevo todos en movimiento y, tras un ligero descenso por pista (evidentemente), tocaba la aproximación final a la Serra dels Llancers, cosa que toco hacer nuevamente, empujando
la bicicleta por sitios que ya sin bici tenían su miga. Este tramo nos metía de lleno en la Fageda de la Grevolosa, un bosque que prometía mucho y que acabó resultando un dolor de cabeza de todas las veces que tuvimos que bajarnos a caminar, trepar rocas, superar troncos caídos... llevábamos casi 30 kilómetros de ruta y el nivel de disfrute estaba a niveles bajo cero.

Lentísimo avance el que tuvimos en toda esa zona donde en según qué puntos hubo que hacer cadenas de 3 o 4 para irnos sujetando las bicis y poder continuar trepando.


Tras superar la Fageda, tocaba otro tramo, considerablemente más ciclabe, pero que aun así se las traía con algún punto entre rocas, a lo que se añadía barro y humedad en una zona a la que poco daba el sol durante el día.

El tiempo se nos echaba encima, nos quedaban aún 10 kilómetros, todo bajada hasta conectar con el GR-2 dónde la zona más técnica y rota de la ruta nos esperaba, sin embargo, con el 75% de la ruta ya realizada y no siendo ni de lejos lo que se esperaba, los ánimos no acababan de ser los mejores, algunos ya cansados, otros sin agua desde hace rato y la mayoría deseando de una vez llegar a los coches.

Por fortuna esta parte final de la ruta estaba empezando a arreglar un poco el día, senderos y trialeras muy divertidos y con varios grados de dificultad iban poniendo a prueba a todos los bikers, un primer grupo se ponía en cabeza con intención de aprovechar la poca luz que quedaba y poder hacer las trialeras finales en condiciones mientras que el grupo de cola avanzaba más lentamente para no dejar atrás a nadie. En medio de ambos grupos Albert sufría una tremenda caída y quedaba tendido en el suelo durante varios minutos con gran dolor en uno de sus tobillos.

Al rato Jose, quién estuvo esperando unos minutos a ver si el grupo de cola aparecía, continuaba la marcha y se encontraba a un lado del camino a Albert, a quién ayudó el resto de lo que quedaba para terminar la ruta ya que no podía apoyar el pie y encima esos eran los tramos más técnicos y rotos de toda la ruta. Una vez llegados al final del GR-2, realizaban los casi 2 kilómetros finales por carretera Albert agarrado a la mochila de Jose a modo de remolque, ya que no podía hacer nada con la pierna lesionada. Una vez en el pueblo, Albert contactaba para que le recogiesen e ir directos al hospital. Fractura de tobillo por 3 puntos, ahora toca reposo y recuperase bien, ¡ánimo Albert!

El grupo de cola tuvo también su particular aventura; Rubén, Ricardo, Noel y Vincent se retrasaban más de la cuenta por un llantazo que sufría Noel y que prácticamente les metía de lleno en el anochecer al realizar las últimas trialeras apenas sin luz.

El tramo de carretera lo hacían completamente de noche y deseando poner fin a esta ruta que, ni de lejos, había salido como nos habíamos imaginado.

Ya en el pueblo todos reagrupados y sabiendo que venían a recoger a Albert, la mayoría se paró en un bar a reponer fuerzas y contar batallitas de una ruta que, estamos seguros, no vamos a repetir de nuevo. A todo esto, Melanie se despedía de todos nosotros y continuará su aventura recorriendo parte del país con su furgoneta, disfrutando de nuevas rutas y recorridos que le hemos recomendado.


¡Hasta la próxima bikers!


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