Pla de la Calma - Delicious GR5 - Rutas del BBT

Todo un acierto posponer esta ruta que, en su fecha original, el pronóstico del tiempo llegó a dar 4 días seguidos de lluvias, con las numerosas bajas de última hora que ello habría causado. Así pues, con nueva fecha y las mismas o más ganas aún de volver al GR5, llegó el sábado y la fiesta estaba a punto de comenzar.

Punto de encuentro en Aiguafreda, las 9:00 de la mañana y la temperatura es de 1º, nada mal para acabar de despejarse de golpe nada más bajar de los coches. Durante los siguientes minutos acaban de llegar todos los que se han apuntado a esta ruta, y al final acabamos juntándonos nada menos que 21 bikers.

Con el cielo bastante tapado aunque sin la impresión de que fuese a llover y aún con el sol sin acabar de salir, oculto tras las montañas, arrancamos la ruta en paralelo a la Riera Picamena, unos pocos kilómetros prácticamente llanos que vienen de lujo para empezar a entrar en calor.

Llegamos a la barrera que corta la pista para delimitar una zona ganadera y a partir de ahí nos encontramos una sorpresita, toneladas de gravilla han sido volcados en la pista con alguna finalidad seguro que meditada al milímetro, pero que hace que las bicis se hundan y haya que pedalear con más brío para no quedarte ahí clavado. Aun así, el ambiente fresco y siendo el inicio de la ruta, hacen que todo quede por el momento en una anécdota, deseando que no estén los más de 10 kilómetros de ascenso, con la misma grava infernal.

Llegamos al punto donde siempre hay un buen grupo de reses en medio de la pista y, por una vez, la sorpresa y alegría es doble, justo allí se acababa la simpática gravilla y, además, la cantidad de "caca de vaca" por centímetro cuadrado es mucho menor a la de otros años, por lo que podemos continuar la ruta sin realizar la tradicional parada a rascar mierda de las cubiertas con un palo, que todas las veces anteriores que hicimos la ruta tocó hacer.

2 o 3 paradas bastante cortas para ir reagrupándonos y el grupo continuaba el progresivo ascenso que nos acercaba más y más hacia el Pla de la Calma, uno de los puntos curiosos e interesantes de atravesar en bici y admirar.

Con el 80% de lo que se tenía que subir a lo largo de la ruta ya liquidado, estábamos a poco más de 15 minutos de llegar al Pla de la Calma y acabamos de reagruparnos todos, momento en el cual cayeron algunas barritas y primeros mordiscos a bocadillos varios; las fotos de rigor de todo tipo tampoco faltaron.

Ya con el día bastante despejado aunque sin acabar de salir el sol, la temperatura era más que agradable y pocos continuaban yendo igual de abrigados que al arrancar la ruta. Incluso se llegó a ver a alguno en manga corta. La verdad es que el día estaba acompañando al 100% pese a que aún continuábamos viendo evidencias de que por la noche había helado.

Con el Pla de la Calma alcanzado, la foto oficial de la ruta fue nuestra siguiente parada de apenas 5 minutos.

Decidimos no parar a comer por las inmediaciones del Pla como habíamos hecho las anteriores veces y continuamos rumbo al Tagamanent con la idea de comer y reposar en la cima misma, dejándonos así algún cartucho en la recámara para prevenir posibles pinchazos o roturas.

Y como Murphy, aunque nunca lo mencionamos en las crónicas, se apunta a todas, no tardó en llegar el primer pinchazo del día. Tras unos minutos para repararlo, la tropa de nuevo se ponía en marcha a través de los continuos sube y bajas de la pista.

Ya dejando atrás toda aquella zona, queda la aproximación final a los pies del Tagamanent, pero un nuevo percance nos retrasa unos minutos. Pequeña caída con cambio doblado que es solucionado gracias a la patilla de recambio que todo buen biker lleva siempre encima.


Tras la reparación, la marca continua y ya con el Tagamanent en frente de nosotros, sacamos otra de las fotos del día con dos de nuestros bikers más acróbatas.


Llegamos al inicio del sendero que te deja en la cima del Tagamanent con otros dos pinchazos a reparar. Uno de ellos tiene problemas con la cámara y cuando parece ser que ya estaba listo, se desinfla de nuevo, así que toca subir andando hasta arriba mientras el resto del grupo progresa por el revirado camino que hace poner el pie en el suelo a la gran mayoría unas cuantas veces.


Rondan las 14:00 y estamos en la cima del Tagamanent, ni gota de aire, nada de frio, pocos días podrían haber sido mejores para realizar la ruta. Sacamos bocatas, barritas y bebidas varias mientras disfrutamos de las vistas desde allí arriba. Un lujo poder disfrutar de todo eso en compañía de toda la tropa biker.

Llega el momento de bajar, todos listos y con las protecciones puestas (los que se han traído) y se inicia la procesión de descenso. Poco dura la fiesta, un nuevo pinchazo nos retiene 10 minutos y las ganas de disfrutar del GR5 van en aumento.

Ya todo listo de nuevo empezamos a adentrarnos en el sendero, húmedo pero no mojado, las piedras y losas no es que patinen de forma exagerada, pero sí que hay que tener cuidado en cómo se hacen los apoyos con las cubiertas si uno no quiere llevarse algún que otro susto.

Desde tramos totalmente asequibles hasta los escalones con raíces más salvajes, todo este tramo del GR5 es una verdadera mina de oro para cualquier biker al que le gusten los terrenos técnicos.

Disfrutando todos como enanos, vamos bajando y dejando atrás los puntos más complicados del descenso, sorteando algún que otro árbol caído que corta el camino y, afortunadamente, sin ninguna caída más grave que simples sustos.

Al final, lo inevitable acaba pasando, la fiesta se acaba y el GR5 llega a su fin; por suerte aún nos quedan unos cuantos minutos donde hemos dejado los coches, para contarnos las batallitas de la ruta y hablar de próximas ruta. Día redondo en el que los 21 bikers hemos disfrutado como enanos. ¡Gracias a todos por venir!



¡GR5, en el 2015 volvemos!

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